Apuntes pedagógicos

La escuela al centro, a debate


En días recientes, la Secretaría de Educación Pública presentó el plan denominado La Escuela al Centro cuyo objetivo es mejorar la organización de las escuelas para llevar la reforma educativa a las aulas. Como parte del "diagnóstico" que da vida a este plan, se dice que los maestros "se quejan de la excesiva carga burocrática que los distrae de su tarea de enseñar" o bien que directores y maestros "no tienen adónde acudir cuando necesitan acompañamiento técnico-pedagógico y apoyo en la gestión de su plantel". A lo anterior, se menciona que en México se utiliza sólo el 56% del tiempo escolar a actividades de aprendizaje, según "diversos estudios y expertos internacionales", sin mencionar cuáles o quiénes, por supuesto.

Con este plan se pretende que "las escuelas cuenten con directores que ejerzan efectivamente su liderazgo y docentes que trabajen de forma colegiada para mejorar sus métodos. Que los supervisores tengan los recursos para prestar apoyo técnico-pedagógico a los planteles y que éstos tengan mayor flexibilidad para organizarse de acuerdo con sus necesidades. Que los padres de familia participen de manera activa e informada para contribuir a la mejora de la educación. Que se aproveche de manera adecuada el tiempo en las escuelas, dedicando al menos 85 por ciento de las horas de clases a tiempo efectivo de enseñanza." (SEP, 2016)

Para concretar esto, se plantean seis líneas de acción: Primero, una nueva organización de la escuela con menos burocracia. Segundo, más recursos para las escuelas. Tercero, fortalecimiento de los Consejos Técnicos Escolares. Cuarto, participación social activa. Quinto, mejor uso del tiempo en la jornada escolar. Sexto, las escuelas de verano.

La idea de la mejora y la eficacia escolar no es nueva. Murillo (2003) nos dice que el movimiento de Eficacia Escolar nace, como ya hemos mencionado, como reacción a las pesimistas conclusiones del Informe Coleman (1966), que afirmó que el rendimiento de los alumnos está marcado por su origen social, sin que la escuela juegue prácticamente ningún papel relevante en el mismo. Más adelante menciona que el movimiento de la mejora de la eficacia escolar surge de la interrelación de los planteamientos y de las perspectivas teórico-prácticas de eficacia escolar y de la mejora de la escuela, pues aunque difieren significativamente entre sí, tienen el mismo objetivo: optimizar la calidad de los centros educativos.

Báez de la Fe (1994) argumenta que el Informe Coleman y los subsiguientes estudios del mismo corte constituyen lo que se ha denominado un modelo input-output o proceso-producto del rendimiento, puesto que su objetivo es relacionar los inputs o «entradas escolares» (tales como el presupuesto educativo o los recursos didácticos disponibles) con los outputs o resultados (tales como los logros académicos del alumno). La crítica esencial a este enfoque puede resumirse en el cuestionamiento del modelo economicista implícito: no se trata tanto de si la escuela logra lo que debería alcanzar, sino de cómo se relacionan sus recursos con sus resultados. Este supuesto economicista presenta graves limitaciones para su extensión a la escuela. Por un lado, los modelos industriales de eficiencia se basan en la operación de un sistema de mercado competitivo, lo cual no corresponde obviamente al caso de la enseñanza pública (ni siquiera al de la privada probablemente). Bajo estos supuestos, parece que el programa La escuela al centro de la SEP, basa sus líneas de acción.

En el 2004 como parte de un equipo de investigación planteábamos "la idea de que la escuela debe ser el centro de todo el proceso educativo es correcta en el sentido de que involucra a todos los participantes en el proceso educativo que están relacionados y comprometidos con la mejora que ésta debe tener día con día pero es necesario que se den las siguientes condiciones que permitan esa comunión entre la comunidad, la escuela, los docentes, los directivos, los padres de familia y finalmente los resultados educativos, tales condiciones están relacionadas con márgenes de autonomía académica, lo cual no implica la apertura para dar lugar al desorden y desorientación, sino como la posibilidad de tener un abanico de opciones a las cuales acceder, teniendo con ella mayores niveles de formación continua: actualización y capacitación, de acompañamiento pedagógico, es decir, de desarrollo profesional, tanto de los educadores frente agrupo como los que dirigen las escuelas y las tareas de supervisión escolar, sólo así se tendrán más y mejores elementos, herramientas y habilidades profesionales, para que los involucrados en estos ámbitos educativos puedan contribuir a cumplir mejor la labor de educar a las niñas y niños de México. Esto implica cambios fundamentales, no solamente de estructura, de organización, sino de cambios de mentalidad y también de cultura institucional." (SEP/SEB-CONACYT, 2004) Estos dos últimos, parecen no ser de atención en el plan presentado por la SEP.

torresama@yahoo.com.mx