Apuntes pedagógicos

El Consejo Técnico: ¿espacio artificial de colaboración?

Al mismo tiempo que el mundo cambia, los maestros saben que su trabajo cotidiano también cambia. Saben que la actual reforma administrativa y laboral en educación les impone tareas para responder a los cambios propuestos, acelerados y asistemáticos por cierto. Saben que su trabajo se ha intensificado con mayores cargas administrativas y que los procesos evaluativos a los que han sido sometidos les llenan de incertidumbre y malestar. Saben que la reforma propuesta, parece ser una forma de encubrir el control burocrático, administrativo y laboral de la tarea educativa en las escuelas. Y en todo ello, saben que un dispositivo fundamental para concretar este control, lo representa el Consejo Técnico Escolar. Saben, por supuesto, que el Consejo Técnico, en muchos casos, se ha convertido en un espacio alejado de la realidad escolar, donde lo que se reflexiona y propone es un mandato institucional en el intento de instalar una cultura de colaboración que a todas luces es artificial.

Andy Hargreaves (2005), en este sentido, nos menciona que en condiciones de colegialidad artificial, las relaciones de trabajo en colaboración que muestran los profesores no son espontáneas, voluntarias, orientadas al desarrollo, no están presentes en todo momento y lugar, ni son imprevisibles. Enuncia más adelante, lo que a su juicio caracteriza una colegialidad artificial:

• Reglamentada por la Administración: la colegialidad artificial no evoluciona espontáneamente a partir de la iniciativa de los profesores, sino que es una imposición administrativa que exige que los docentes se reúnan y trabajen juntos.

• Obligatoria: en consecuencia, la colegialidad artificial obliga a actuar juntos, en situaciones impuestas de apoyo de los compañeros, enseñanza en equipo y planificación cooperativa.

• Orientada a la implementación: en condiciones de colegialidad artificial, se exige o “persuade” a los profesores para que trabajen juntos a fin de implementar lo ordenado por otros, de forma más directa, por el director, o indirecta, por el distrito escolar o el ministerio. Esas órdenes pueden adoptar la forma de un curriculum nacional, de programas de enseñanza acelerada o de estrategias de aprendizaje cooperativo, por ejemplo. En este caso, la cooperación colegial está íntimamente ligada a la cooptación administrativa.

• Fija en el tiempo y en el espacio: la colegialidad artificial se ejerce en determinados lugares y en momentos concretos. Esto forma parte de la reglamentación administrativa.

• Previsible: la colegialidad artificial está diseñada para que sus resultados sean previsibles en un grado relativamente elevado. Por supuesto, esto no puede garantizarse y, como veremos, a veces los resultados de la colegialidad artificial son nefastos. A este respecto, la colegialidad artificial constituye una simulación administrativa segura de colaboración. Sustituye las formas de colaboración espontáneas, imprevisibles, difíciles de controlar y surgidas de los profesores mismos por otras que, en cambio, los administradores han ideado, limitado e impuesto.

Si reflexionamos lo anterior, que mucho explica lo que pasa en la operatividad de los Consejos Técnicos, es posible encontrar elementos que permitan reconstruir el Consejo Técnico como un espacio de desarrollo profesional, que potencie la individualidad y la colectividad en busca de objetivos comunes y cercanos a la realidad de cada escuela. Es necesario erradicar los discursos persuasivos de colaboración y liderazgo que solo intentan el mantenimiento del control administrativo. La creatividad y desarrollo del pensamiento debe imponerse a la retórica de esos planteamientos. En 1994 Cecilia Fierro y Susana Rojo lo decía muy bien: “El Consejo técnico es el espacio en el que se nos da la oportunidad de exponer lo que sabemos, sentimos y pensamos, para mejorar nuestra labor. De aquí puede surgir el modelo de escuela que deseamos y la calidad de educación que queremos” (SEP, 1994) Y por cierto, esto difícilmente  se logra con “guías” de operatividad como lo establece la SEP.

El Consejo Técnico Escolar entonces, se debe constituir en un espacio de reflexión y análisis de la política educativa y su implementación; de análisis del currículum vigente; de análisis y transformación de la práctica educativa y docente; de apoyo y mejora de la organización escolar; de reflexión sobre el papel de la escuela en la comunidad y la sociedad en general. En síntesis, el Consejo Técnico Escolar será un soporte de desarrollo profesional docente, alejado de lo artificial, si su esencia es el diálogo sobre lo educativo cercano a la realidad de cada escuela.

torresama@yahoo.com.mx