Apuntes pedagógicos

La condición laboral y profesional del trabajo docente

El diseño e implementación de políticas educativas para mejorar la condición laboral y formación profesional de los docentes de educación básica, ha sido un tenor de los proyectos educativos gubernamentales desde la década de los noventa. En el Marco de Acción de Dakar se reconoció la función esencial de los docentes en la educación básica de buena calidad, y se subrayó que para lograr la EPT los gobiernos deben mejorar la condición social, el ánimo y la competencia profesional de los docentes y permitirles participar en las decisiones que afectan a su vida profesional y al entorno de aprendizaje. Para atraer y conservar a los buenos docentes, los responsables de la formulación de políticas deben mejorar la formación del personal docente, distribuir a los educadores de manera más equitativa y facilitar incentivos en forma de sueldos apropiados y planes de carrera atractivos (UNESCO, 2014).

La condición laboral del trabajo docente entonces, está asociada al desempeño profesional. El deterioro de la calidad de los procesos educativos, particularmente la enseñanza y el aprendizaje, ha estado vinculado al deterioro de la condición laboral y profesional de los docentes en las últimas décadas. Para muchos, esto se debe a la instauración de políticas neoliberales que no responden a la gravedad y urgencia de la situación educativa, y más bien son encaminadas a la desprofesionalización y una proletarización del magisterio (Perrenoud, 1996).

Y es cierto, en términos de diseño de políticas, los docentes han sido relegados a un papel secundario y meramente operativo, son excluidos de la información, del conocimiento, del debate y la toma de decisiones en relación a las problemáticas y temas de su materia de trabajo. Incluso, como en el caso de México, la representación sindical de los maestros, ha jugado un papel de complicidad en las políticas educativas, que bajo la mirada de los docentes, contribuyen a fortalecer la tendencia de deterioro laboral.

El discurso actual (y que ha sido traducido a estrategias de política) pondera la equidad, mejora, autonomía, calidad, eficacia, eficiencia, evaluación, etc. sin los cuales la reforma educativa no sería posible, al mismo tiempo que se piensa en un docente que trascienda los roles tradicionales de instructor y se desempeñe como un educador que facilita el aprendizaje, interpreta y recrea el currículum, que elabora proyectos, que toma decisiones pedagógica en su ámbito de acción, en suma, que cumpla con el “perfil de idoneidad” planteado. Sin embargo, la política educativa, no piensa en la mejora de la condición institucional, laboral y profesional de los docentes en el mismo tenor, se piensa en la mejora del papel docente sin ofrecerle los elementos para esa mejora.

En muchos países las condiciones de infraestructura escolar, de equipamiento y material didáctico son aún precarias, lo que dificulta fuertemente el trabajo docente. A menudo, los profesores realizan esfuerzos económicos personales o movilizan a los padres para suplir dichas carencias, situación que les genera sentimientos negativos relacionados con la falta de apoyo de las autoridades a su labor profesional. La existencia de espacios adecuados y bien equipados para desarrollar tareas fuera del aula, tanto individuales como de equipo, constituye otro factor importante respecto del cual las situaciones son muy diversas. (OREALC-UNESCO, 2013)

En el mismo sentido, un factor importante a considerar en la revisión de las condiciones laborales de los docentes, es el tiempo que estos dedican a la tarea de enseñanza en el aula. La carga real de trabajo es siempre difícil de determinar, pero se sabe que la dedicación horaria en los países latinoamericanos está casi enteramente consagrada al trabajo en el aula (Vaillant y Rossel, 2006). Por lo general, la jornada laboral no incluye el trabajo de planificación, coordinación o evaluación, que normalmente recae sobre los docentes en su tiempo libre.

En la construcción de un modelo educativo, como se ha anunciado por parte de la Secretaría de Educación Pública (SEP), es conveniente que en primer término, los docentes no sean vistos como “el problema” sino como elementos sustanciales para superar las problemáticas. En segundo lugar, que sean incluidos en el debate, análisis y construcción del modelo educativo. México no ha aprendido que las políticas educativas tendrán mejores resultados si se cuenta con la participación directa de quienes serán los responsables de operarlas. Y en tercer lugar, tener presente que la mejora de la condición laboral y profesional de los docentes, debe ocupar un lugar preponderante en el diseño de política educativa, la inversión en los docentes es necesaria e imprescindible. Mejorar su condición es fundamental para recuperar la consideración social del trabajo docente.

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