Apuntes pedagógicos

Supervisión escolar: poder, autoridad y dominación

Crozier y Friedberg (1990) consideran que el poder más que atributo de una autoridad o sujeto bien posicionado constituye una relación entre los participantes en el juego en arenas políticas observables. En este sentido, la autoridad del supervisor escolar tiene un claro origen estructural y en el extremo de la expresión de esa autoridad se encuentra la coerción, aunque los profesores tienen modos de compensar con su influencia el poder potencialmente coercitivo de un supervisor, aunque si esto sucediera sería visto como una falta de habilidad de liderazgo. Esto tiene que ver con el estilo que cada supervisor desarrolla para conducir la zona escolar a su cargo.

En los casos en que se designa a un supervisor para el ejercicio de la función bajo criterios poco claros o fuera de la reglamentación imperante, implica no contar con la autoridad de origen. No obstante, su capacidad, habilidad y pericia mostradas en el ejercicio de su función, pueden hacer que gane la credibilidad de los otros y, por lo tanto, que se reconozca su autoridad. El término autoridad implica poder. A veces se confunden ambas nociones tal vez porque lo óptimo es que aparezcan unidas.

El poder es una relación caracterizada por el desequilibrio. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre ambos conceptos? La diferencia central radica en que el poder es una acción, mientras que la autoridad encierra la idea de cualidad. No existe poder si no se ejerce, aún cuando se ejerza con menor o mayor grado de coacción.

La autoridad, en cambio, existe por su origen, pero puede no ser reconocida en su ejercicio. La misma sólo será plena, cuando además de ser legal por su origen, se ejercita bajo la credibilidad de los grupos afectados. Cuando esto ocurre, entonces se conjuga autoridad y poder.

Un campo, esencialmente interesante, por lo que se refiere a la asignación de los puestos de supervisión, es el que tiene que ver con las relaciones de género. En este campo, el poder se hace presente de manera sustantiva. Bourdieu (2000), considera el poder y la dominación como mecanismos esenciales para entender la dinámica de la vida social. La noción de capital liberada de la sola connotación económica, es el instrumento a través del cual operacionaliza el concepto de poder, y en relación sistémica con otras categorías analíticas centrales en su pensamiento (campo, posición, interés, autonomía relativa), explica el "juego" de la vida social, las relaciones de fuerza y de lucha planteadas por las diferentes categorías de agentes sociales para transformar o conservar esa estructura de juego.

Pero las relaciones de dominación no son planteadas sólo desde un punto de vista estructural, para Bourdieu inciden también en la constitución de la subjetividad. Las nociones de habitus y violencia simbólica son consideradas en su construcción teórica como principios de definición y comprensión de las prácticas sociales, entre ellas las de dominación.

La violencia simbólica es aquella forma de violencia que se ejerce, "sobre un agente social con la anuencia de este" en la medida en que se la desconoce como violencia, a través de lo que Bourdieu denomina "el orden de las cosas"; es decir, a partir del ajuste entre los determinantes objetivos (campo, posición, etc.) y las estructuras cognitivas (habitus).

Es a partir de este concepto que Bourdieu aborda, en la última parte de su trayectoria intelectual, la especificidad de la dominación masculina, al que denomina principio de la primacía de la masculinidad. El orden masculino, que excluye a las mujeres de los juegos de poder, o sólo les permite participar en ellos a través de los hombres, "está tan arraigado que no requiere justificación: se impone a sí mismo como evidente y universal ... en virtud del acuerdo, casi perfecto e inmediato que se establece entre, por una parte, estructuras sociales como las que se expresan en la organización social del espacio y del tiempo y la división sexual del trabajo y, por la otra, las estructuras cognoscitivas".

En el mismo sentido, y para finalizar, Foucault (1983) menciona que la dominación es de hecho una estructura general de poder de la cual sus ramificaciones y consecuencias pueden, a veces, aparecer descendiendo a las más "incalcitrantes" fibras de la sociedad. Pero al mismo tiempo, es una situación estratégica más o menos apropiada de hecho y consolidada por medios de una confrontación a largo plazo entre adversarios. Ciertamente puede ocurrir que el hecho de la dominación pueda ser sólo la transcripción de mecanismos de poder resultantes de la confrontación y sus consecuencias (una estructura política resultante de la invasión), puede ser también que una relación de lucha entre dos adversarios sea el resultado de relaciones de poder con los conflictos y clivajes que implica. Pero lo que constituye a la dominación de un grupo, una casta, o una clase, junto a la resistencia y revueltas que esta dominación encuentra, un fenómeno central de la historia de las sociedades, es que el entrecruzamiento entre las relaciones de poder con relaciones de estrategias y los resultados procedentes de su interacción se manifiestan en una forma masiva y universalizada.

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