Apuntes pedagógicos

Sociología del poder

Giddens, Nisbet, Parsons, Balandier, Marcase y Giménez, hacen interesantes aportaciones desde una mirada sociológica del poder, reconocen las implicaciones de éste en la estructura y funciones sociales, donde las concepciones de autoridad, dominación, jerarquía y política se hacen presentes y se explican de manera más profunda.

Para A. Giddens (1998), desde una teoría reconstruida del poder, se partiría de la premisa de que el poder no necesariamente se enlaza a un conflicto en el sentido o una división de intereses o de una lucha activa, y el poder no es intrínsecamente opresor. El poder es la capacidad de alcanzar resultados; que estos se relacionen con intereses puramente sectoriales no es esencial a su definición. Como tal, el poder no es un obstáculo a la libertad o emancipación, sino que es su verdadero instrumento, aunque sería insensato, desde luego, desconocer sus propiedades coercitivas. La existencia de un poder presupone estructuras de dominación por los cuales opere un poder que “fluya parejamente” en procesos de reproducción social (y que sea, en cierto modo, “invisible”).

En el mismo sentido, Robert Nisbet (1996) menciona que profundamente incorporada a las funciones sociales, parte inalienable del orden interno de la familia, el vecindario, la parroquia y el gremio, ritualizada en toda circunstancia, la autoridad esta unida de modo tan estrecho con la tradición y la moralidad que apenas se le advierte más que el aire que los hombres respiran. Aún en manos del rey, tiende a mantener en una sociedad de esa índole su carácter difuso e indirecto. Tal es la tendencia del poder monárquico a sumergirse en el ethos total del patriarcalismo, que el poder del rey parece a sus súbditos poco diferente del que ejercen los padres sobre los hijos, los sacerdotes sobre los feligreses y los maestros sobre los aprendices. Todo el peso de la moralidad hace que la autoridad sea un aspecto indiferenciado del orden social, y el gobierno, poco más que una superestructura simbólica. Nisbet, en el contexto de una autoridad perdida, se hace dos interesantes preguntas: ¿Qué autoridad sería suficiente para reemplazar a la autoridad perdida por las grietas de la ley y la moralidad? ¿Cuáles serían los medios para controlar el tipo de poder que siempre amenaza levantarse sobre las ruinas de la autoridad constituida?

Por su parte, Talcott Parsons (1997) concibe el poder como un medio simbólico generalizado, que circula de modo muy parecido al dinero, cuya posesión y uso permiten desempeñar más eficazmente el cometido de un cargo con autoridad en una colectividad. Autoridad es la cualidad políticamente decisiva de un status de una estructura social. En cambio, el poder es, a mi modo de ver, un instrumento primordial para el desempeño eficaz en esa posición. 

Georges Balandier (1994) nos dice que, un poder establecido únicamente a partir de la fuerza, sobre la violencia no domesticada, padecería una existencia constantemente amenazada; a su vez un poder expuesto a la única luz de la razón no merecería demasiada credibilidad. El objetivo de todo poder es el de no mantenerse ni gracias a la dominación brutal ni basándose en la sola justificación racional. Menciona además que, el poder utiliza, por lo demás, medios espectaculares para señalar su asunción de la historia, (conmemoraciones), exponer los valores que exalta (manifestaciones) y afirmar su energía (ejecuciones).

En un ámbito más de política, Herbert Marcuse (1993) dice que hoy en día el poder político se afirma por medio de su poder sobre el proceso mecánico y sobre la organización técnica del aparato. El gobierno de las sociedades industriales avanzadas y en crecimiento solo puede mantenerse y asegurarse cuando logra movilizar, organizar y explotar la productividad técnica, científica y mecánica de que dispone la civilización industrial.

Por último, en este contexto de ideas, Gilberto Giménez (1989) menciona que cuando hablamos de poder, nos referimos por lo general, a cierta capacidad (física y no jurídica) de acción, es decir, a una modalidad del hacer. Poder  algo es tener la posibilidad de realizarlo, es estar en condiciones de reunir los medios para lograr un fin. Es, por ejemplo, la capacidad de modificar el medio ambiente para arrancarle los recursos necesarios para la subsistencia. En este caso hablamos del “poder” del hombre sobre la naturaleza. Pero poder, nos dice, no es solamente la capacidad de hacer algo por sí mismo. Es también la capacidad de hacerlo por medio de otros, la posibilidad de disponer de la capacidad de acción de otros para lograr determinados fines.  Lo que supone alguna forma de dominio sobre los otros y la emergencia de disimetrías y desequilibrios en las relaciones sociales.

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