Apuntes pedagógicos

El SNTE: siete décadas

Desde 1919 hasta 1941, surgieron en el panorama sindicalista nacional diversas agrupaciones de maestros y demás trabajadores de la educación que poco a poco fueron conformando las bases y las condiciones indispensables e inevitables para la creación de un solo organismo. De entre ellas podemos mencionar algunas como el Frente Único de Trabajadores de la Enseñanza (FUNTE), la Confederación Nacional de Trabajadores de la Enseñanza (CNTE), el Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza de la República Mexicana (STERM), el Sindicato Mexicano de Maestros y Trabajadores de la Educación (SMMTE), el Sindicato Único Nacional de Trabajadores de la Educación (SUNTE), etcétera.

Fue hasta el 26 de diciembre de 1943, después de la agudización del conflicto entre maestros y autoridades, que emergió el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), como resultado de la realización del 1er. Congreso de Unificación Magisterial, entre los diferentes sindicatos nacionales existentes, STERM, SUNTE y SMMTE, que convocara el Dr. Jaime Torres Bodet en su calidad de Secretario de Educación, evento que tuvo lugar en el Palacio de Bellas Artes.

El nuevo sindicato nació con un carácter monopólico garantizado por el Estatuto de Trabajadores al Servicio del Estado, vigente desde el año de 1938. En él se establecía entre otras cosas que en cada unidad (se refiere a las Secretarías del Gobierno Federal) solamente se reconocería la existencia de un solo sindicato, y este reconocimiento oficial se haría a favor de la asociación mayoritaria, no admitiéndose, en consecuencia, la formación de sindicatos minoritarios (Art. 46).

En 1943 había 35 mil maestros afiliados al SNTE; hoy suman más de un millón 500 mil los miembros que constituyen el sindicato más grande de América Latina, el cual, a 70 años de su creación, se mantiene como uno de los gremios más consolidados, pese a las caídas de líderes corruptos, de divisiones internas y de conflictos con grupos disidentes del magisterio.

En estas siete décadas, el SNTE ha sufrido turbulencias que pusieron en riesgo la unidad de su gremio, en las que sus líderes han sido sustituidos por sus propios aliados más cercanos y en las que grupos disidentes, como la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)  han  mantenido una lucha opositora en el intento de acabar con privilegios y políticas del charrismo sindical. En las siete décadas, dijo el especialista de la UAM Carlos Ornelas, el gremio “sí se ha debilitado”, pero el gobierno federal no lo extermina porque “es parte del ADN de los priistas pensar que lo pueden controlar”. De ello también da cuenta una investigación del académico de El Colegio de México Alberto Arnaut en el texto El SNTE: de la federalización centralizadora a la federalización descentralizadora, en donde señaló que con el apoyo del gobierno en turno, el gremio magisterial no sólo monopolizó los intereses laborales, sino que también “sus intereses profesionales y políticos”, invadiendo un segmento importante de la dirección técnica y administrativa de la educación en los gobiernos federales y estatales.

En las siete décadas de vida del SNTE, las sucesiones de sus dirigentes nacionales han estado salpicadas de traición, de lucha por el poder y de acusaciones, con tal de ocupar el máximo cargo del gremio. Especialistas en temas sindicales coinciden en que los tres cambios más recientes en la dirigencia del gremio son prueba fehaciente de que quienes se decían los maestros más leales a su líder sindical y que se ganaron la confianza de ellos, siendo incluso secretarios particulares, pasaron de aliados a Judas (Isabel González, 2013)

La ausencia de espacios de discusión y el escaso, casi nulo, acercamiento de los órganos de gobierno sindical para con sus representados ha generado una crisis al interior del SNTE, que no es visible para aquellos que ponderan la existencia de un sindicato “fuerte y unido”, que sin embargo es visto por las bases magisteriales como un órgano que requiere de una pronta reorientación político-sindical que se exprese en mejores condiciones de trabajo para sus miembros. En este marco de ideas, la cuestión de lo que sucede en la vida sindical institucional y cotidiana, junto a la reflexión continua de nuestra práctica educativa diaria, toma sentido hacia pensar en un sindicato más democrático, plural y autónomo que responda a las múltiples demandas de sus miembros. Un sindicato que abandone el corporativismo y clientelismo para enfrentar con entereza y dignidad las políticas que van en contra de los intereses de sus agremiados.