Apuntes pedagógicos

Pensamiento crítico y transformativo en los docentes

Uno de los elementos sustanciales para comprender mejor el fenómeno educativo y poder intervenir en él e innovarlo, es sin duda alguna, el desarrollo de pensamiento de los maestros. Es conveniente entonces que los docentes amplíen su lectura de textos y contextos, para desarrollar su racionalidad y creatividad. El pensamiento implica una dinámica imparable, un constante diálogo entre la racionalidad y la creatividad. La esencia del pensamiento ha de consistir en ser el vehículo común más perfecto para la comunicación didáctica interpersonal cotidiana, pero no a través de los canales didácticos normales, sino a por la compleja tarea de la pedagogía de la pregunta. El pensamiento entonces que se busca en los docentes, es un pensamiento crítico, complejo, de orden superior, que problematice su realidad cotidiana en su ámbito de trabajo y encuentre vías de comprensión y explicación para aclarar su posicionamiento político-pedagógico, es decir, encuentre la esencia de su papel en la educación y en la sociedad.

En este contexto de ideas, Paulo Freire (2004) dice que la educación es pensamiento y es acción. Que enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades de su construcción o de su producción. El pensamiento que Freire promueve a través de sus ideas es un pensamiento está profundamente cimentado en el concepto de libertad, concepto que pone al servicio de la transformación de los procesos educativos y sociopolíticos. Freire busca que las y los estudiantes y las y los docentes dejen de ser objetos pasivos de una historia estática y dogmática, para convertirse en sujetos responsables, capaces de conocer y de crear su propia historia. Freire denuncia la tarea educativa como instrumento de dominación ideológica, pero también el reconocimiento y la manifestación de que la acción educativa ofrece oportunidades para la acción emancipatoria, por ello menciona que “Todo acto educativo es una acto político”.

En el mismo sentido que Freire, Giroux (1990) menciona que al contemplar a los profesores como intelectuales, podemos aclarar la importante idea de que toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento. Ninguna actividad, por rutinaria que haya llegado a ser, puede prescindir del funcionamiento de la mente hasta una cierta medida. Este es un problema crucial. Porque, al sostener que el uso de la mente es un componente general de toda actividad humana, exaltamos la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica, y al hacer esto ponemos de relieve el núcleo de lo que significa contemplar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza. Dentro de este discurso, puede verse a los profesores como algo más que “ejecutores profesionalmente equipados para hacer realidad efectiva cualquiera de las metas que se les señale. Más bien <deberían> contemplarse como hombres y mujeres libres con una especial dedicación a los valores de la inteligencia y al encarecimiento de la capacidad crítica de los jóvenes”.

Más adelante Giroux menciona que si los profesores han de educar a los estudiantes para ser ciudadanos activos y críticos, deberían convertirse ellos mismos en intelectuales transformativos. Un componente central de la categoría de intelectual transformativo es la necesidad de conseguir que lo pedagógico sea más político y lo político más pedagógico. Hacer lo pedagógico más político significa insertar la instrucción escolar directamente en la esfera política, al demostrarse que dicha instrucción representa una lucha para determinarle significado y al mismo tiempo una lucha en torno a las relaciones de poder. Dentro de esta perspectiva, la reflexión y la acción críticas se convierten en parte de un proyecto social fundamental para ayudar a los estudiantes a desarrollar una fe profunda y duradera en la lucha para superar las injusticias económicas, políticas y sociales para humanizarse más a fondo ellos mismo como parte de esa lucha.

Finalmente, he sostenido la importancia de que los docentes desarrollemos nuestro pensamiento como una posibilidad para repensar y reformar las tradiciones y condiciones que hasta ahora han impedido que nos veamos y presentemos como académicos y profesionales activos y reflexivos. También considero que es importante no sólo vernos como intelectuales, sino también contextualizar en términos políticos y normativos las funciones sociales concretas que realizamos. De esta manera, podemos ser más específicos acerca de las diferentes relaciones y papel que jugamos en nuestra sociedad.

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