Apuntes pedagógicos

Pensamiento complejo y educación

Lo “complejo” se reconoce como un concepto que se resignificó sustantivamente y con profundidad en el siglo XX. Su uso común lo relacionaba con lo complicado, lo enmarañado y lo difícil de entender. Ahora, es posible entenderlo desde una perspectiva para designar al ser humano, a la naturaleza, y a nuestras relaciones con ella. Lo “complejo”, dice Morin (2004), designa hoy una comprensión del mundo como entidad donde todo se encuentra entrelazado, como en un tejido compuesto de finos hilos. Morin también señala, siguiendo su idea: “el pensamiento complejo es ante todo un pensamiento que relaciona. Es el significado más cercano del término complexus (lo que está tejido en conjunto). Esto quiere decir que en oposición al modo de pensar tradicional, que divide el campo de los conocimientos en disciplinas atrincheradas y clasificadas, el pensamiento complejo es un modo de religación. Está pues contra el aislamiento de los objetos de conocimiento; reponiéndoles en su contexto, y de ser posible en la globalidad a la que pertenecen.”

El Pensamiento Complejo de Morin, se reconoce como un pensamiento que relaciona y complementa. Su objeto y sujeto de estudio es el todo, a través de sus efectos, defectos, dinamismo y estática, reconociendo la interrelación del todo con sus partes y viceversa, dentro de un entramado.

El estudio de lo complejo, hoy en día, ha impactado también en el ámbito más directo de las interacciones de los seres humanos: la educación, la interpretación de la sociedad, la política, y la comprensión del momento actual que vive la humanidad. El problema de la complejidad ha pasado a ser el problema de la vida y el vivir, el problema de la construcción del futuro y la búsqueda de soluciones a los problemas contemporáneos. En palabras de Edgar Morin, cuando se habla de complejidad «… Se trata de enfrentar la dificultad de pensar y de vivir». (E. Morin, 2004, El Método)

En la misma línea de pensamiento, Matthew Lipman (1998) refiere a la idea de pensamiento de orden superior como un pensamiento rico conceptualmente, coherentemente organizado y persistentemente exploratorio. Si un pensamiento carece de estos tres rasgos, es muy dudoso que llegue a ser un pensamiento complejo. Más adelante, Lipman, menciona que deberíamos enseñar directa e inmediatamente para el pensamiento de orden superior. La enseñanza directa del pensamiento de orden superior tiende a ser altamente significativa para los estudiantes, así como para los profesores. Promover que los estudiantes hagan filosofía es un ejemplo de cómo puede estimularse el pensamiento de orden superior en el aula. Utilizando la comunidad de investigación.

- Algunas ideas que identifican al pensamiento de orden superior son:

- No es equivalente exclusivamente a pensamiento crítico, sino a la fusión de pensamiento crítico y pensamiento creativo.

- Se genera bajo el efecto de las siguientes dos ideas reguladoras: la verdad y el significado.

- El pensamiento crítico implica razonamiento y juicio crítico.

- El pensamiento creativo implica destreza, arte y juicio creativo.

- No se da pensamiento crítico sin una base de juicio creativo.

- No se da pensamiento creativo sin una base de juicio crítico.

Asociado a lo anterior, para Lipman, lo que se denomina como pensamiento complejo incluye un pensamiento rico en recursos, metacognitivo, autocorrectivo y todas aquellas modalidades de pensamiento que conllevan a la reflexión sobre la propia metodología y sobre el contenido que tratan. El pensamiento de calidad es un pensamiento de orden superior que incluye todos los componentes que acabamos de describir; es un pensamiento complejo. En este tenor, Lipman, se pregunta ¿Qué podemos hacer para que la educación sea más crítica, más creativa y más consciente de sus propios procedimientos? Su respuesta es que debe incluirse la filosofía en el currículum de la educación primaria y secundaria. Y más aún, que se incluya el pensamiento en todas las disciplinas, dejando claro que es una filosofía diferente a la que se enseña en las universidades.

Considerar las aportaciones y sugerencias de estos pensadores, Morin y Lipman, para enriquecer el currículum de nuestra educación básica, apoyaría sin duda alguna a la formación de ciudadanos reflexivos, los que necesitan las democracias auténticas, además de ser individuos productivos y con suficiente autoestima. No tengo duda de que los docentes tenemos la capacidad para realizar estos cambios, lo que no queda claro es si queremos y tenemos el poder de hacerlo. Sin embargo, podemos empezar por reflexionar concienzudamente lo que estamos haciendo, para reinventar prácticas pedagógicas mejores.