Apuntes pedagógicos

Pendientes educativos para atender en 2014

El año que ha comenzado se vislumbra de cambio educativo en el ámbito institucional y escolar. Será un año en el que, la planeación de política que se concretó en el 2013 verá sus primeros impactos. En las acciones que se implementen, se percibirá si las decisiones son emanadas de una profunda reflexión sobre la situación educativa de nuestro país o son tomas de decisión y acciones orientadas por intereses de orden político-económico. Si esto es así, la búsqueda de la calidad en educación habrá sido utilizada nuevamente como parte primordial del discurso político. En este tenor, es importante apuntar algunos de los retos (pendientes) para este año. Cuestiones que considero deben apuntalarse para ser congruentes con la política educativa que se impulsa.

El fortalecimiento de la educación y escuela pública tendrá que constituirse en un elemento orientador de política. La reforma en educación del gobierno federal actual ha establecido que el régimen laboral tenga un carácter privativo que afecta derechos de los trabajadores de la educación y abre el camino a la privatización. La instauración de un nuevo modelo de gestión institucional y escolar deberá tener un sentido más social de la educación, alejado de modelos con corte empresarial que confundan el papel de la escuela. La escuela debe reconocer y redefinir sus formas de organización que les permita reconstituirse en verdaderos agentes de mejoramiento de la educación con calidad y equidad; para ello es necesario lo que hemos apuntado en otros tiempos y lugares, se debe poner a las escuelas en el centro de las atenciones del sistema educativo y generar espacios de análisis y deliberación pública sobre su funcionamiento.

Los concursos de ingreso a la docencia, así como los procesos de promoción y permanencia, establecidos en la nueva normatividad, deben orientarse e implementarse bajo mecanismos e instrumentos de información y evaluación transparentes y confiables. Los instrumentos de evaluación deben ser integrales, y no limitarse únicamente a la valoración del conocimiento, sino ir acorde a los indicadores y parámetros que se establezcan para tal fin. Estos procesos tienen que ir de la mano en la búsqueda de mejorar los procesos de aprendizaje y enseñanza, así como de mejores procesos de gestión y organización.

La formación docente es una asignatura pendiente de la actual política educativa. La formación de los maestros debe orientarse a crear un modelo centrado en ellos y articularlo con la tarea de enseñar y la misión de la escuela. Deben revisarse los esquemas de actualización actuales y pasar a la generación de espacios de formación y aprendizaje diferentes. Orientar la formación inicial del docente hacia un sentido más colectivo y menos individualista, para posteriormente fortalecer ese mismo sentido en su superación profesional. La formación docente debe fortalecerse en teoría pedagógica y en didáctica, sin perder la articulación con el contexto; es decir, tiene que tener una orientación teórica-práctica, de interés por las cosas, por la cultura, por lo que pasa en el mundo, para introducirlo en el contexto de las aulas. En resumen, se debe buscar que la formación docente potencie la comunicación y colegialidad entre los maestros, para fortalecer su capacidad de innovación y autonomía.

En paralelo a la formación docente, es necesario iniciar un proceso verdadero de fortalecimiento de las instituciones formadoras de docentes (Normales y Unidades de la Universidad Pedagógica Nacional). Estas instituciones, con el debido apoyo financiero y de política, deben constituirse en elementos indispensables de apoyo en la concreción políticas educativas, referentes a la formación de profesionales de la educación, incluidos primordialmente los maestros. Un proyecto educativo integral, debe considerar a estas instituciones como un punto de partida y punto permanente para el logro de sus objetivos.

Estas cuatro cuestiones que apuntamos (educación pública, concursos de oposición, formación docente e instituciones formadoras de docentes), como políticas educativas,  necesitan contar con respaldos amplios de los maestros y la sociedad para poder cumplir con efectividad sus metas. No debemos de desconocer que existen sectores que desconfían casi por principio de estas políticas. La mejor forma de contrarrestarlos es desarrollarlos en un marco de mecanismos democráticos y concertaciones sociales que aclaren los aportes y beneficios. Concertaciones sociales, que incluyan a la opinión pública, pero sobre todo, a los docentes.