Apuntes pedagógicos

Orden, jerarquía y determinación en la supervisión escolar

Desde la edad antigua, la supervisión en el campo educativo se vincula con la necesidad de los poderes públicos y de las instituciones de ejercer un control político y de vigilar el comportamiento de los maestros y las escuelas. En este sentido, el sistema educativo le ha ido otorgando a través del tiempo, diferentes significaciones, definiciones, metodologías y acciones, de tal manera que entender el papel que actualmente desarrolla un supervisor escolar de educación básica implica reconocer todo un proceso de constitución histórica de la función supervisora. El término supervisión deriva de dos voces latinas: super –que significa “sobre”—y visio –que hace referencia a la “acción de ver”--. De esta manera, el término sintetiza la acción de mirar desde arriba, desde una posición jerárquica superior, con una perspectiva amplia que percibe todos los lados del sistema.

Desde esta perspectiva, la estructura administrativa en educación ha planteado que la supervisión de zona constituye el enlace para retroalimentar y coordinar las funciones y actividades entre las áreas normativas, administrativas y los planteles escolares a fin de dirigir y controlar el funcionamiento integral del servicio educativo. Por otra parte, Clifton (1971) menciona que supervisor es todo jefe intermedio, que tiene un grupo de subordinados a su cargo, pero también tiene superiores a quienes reportar, independientemente de su nivel o rango en la escala jerárquica.

Desde esta perspectiva, la tradición histórica del desarrollo de la función supervisora nos permite comprender que se encuentra inmersa en un orden estructurado en el cual es posible observar que las prácticas y el rol que desempeña un supervisor están determinados por las relaciones sociales que mantiene con la superioridad y con sus subordinados. Desde la escuela rural, donde el rol desempeñado se aproximaba hacia lo pedagógico, pasando por la época de la tecnología educativa en México, donde surge una orientación más hacia la vigilancia y control de la norma administrativa, hasta nuestros días, donde la búsqueda de un  rol más académico no termina por consolidarse, el Supervisor Escolar siempre ha estado ligado a las nociones de poder, autoridad y control. Lo anterior ha permitido que en las relaciones sociales con sus subordinados su status jerárquico tenga un poder de definición en la mayoría de las actividades de una zona escolar. En esta relación de poder, que siempre existe entre el supervisor y sus subordinados, aquel aparece con una mayor autonomía en sus acciones, es decir, a pesar de su posición intermedia entre la autoridad superior y los docentes, generalmente no se ve sometido a un escrutinio de su labor.

En este sentido, en los espacios de interacción de los sujetos se pone de manifiesto una movilización de las fuentes de incertidumbre pertinentes que ellos controlan en una estructura de determinado juego, por sus relaciones y transacciones con los otros participantes en el juego. La determinación de las reglas del juego por parte del Supervisor Escolar sería entonces una expresión de una relación de poder.

La política educativa reciente ha planteado en sus diagnósticos la necesidad de superar prácticas arraigadas en la función supervisora, lo que finalmente alude a reestructurar el orden establecido y constituido históricamente. Las propuestas apuntan a fortalecer la capacidad de gestión en los supervisores desde una visión estratégica orientada principalmente hacia la búsqueda de un rol más pedagógico. Se plantea que con ello es posible transitar de una autoridad legal del supervisor hacia un liderazgo académico. A partir de un nombramiento otorgado por la autoridad educativa superior el supervisor escolar es reconocido como la representación de la autoridad misma, en tanto que en él recae la responsabilidad de mantener el control y dirección de los planteles a su cargo, actividad que desarrolla desde sus propias representaciones que en su mayoría se orientan hacia la fiscalización y vigilancia del cumplimiento de los mandatos institucionales.

Por otra parte, se advierte que el rol académico que actualmente se le propone, necesariamente implica la modificación del status tradicional (autoridad) frente a sus subordinados, en tanto que aparece en un nivel (académico) en el cual es más difícil que determine las relaciones. El orden estructurado de las relaciones se ve perturbado y con ello la jerarquía del supervisor.

Esta aproximación a la función supervisora, desde el análisis de su estructura organizacional, nos ha permitido reconocer que trascender el orden estructurado implica un mayor estudio de las relaciones sociales que se ponen en juego, así como considerar que la estructura de la supervisión es algo que se construye en un tiempo y a partir de ciclos, tendencias, transiciones y cambios.

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