Apuntes pedagógicos

Mantenimiento del modelo de gestión tradicional

Son reglas no escritas, pero que se han constituido al paso de los años y cuya característica esencial es el respeto a la dinámica institucional con el propósito de preservar y mantener las formas de vida al interior de una zona escolar. Hay resistencias a las propuestas de cambio que vienen de fuera, y se recurre a modelos y prácticas ya probadas. Es sin lugar a dudas, el mantenimiento de las tradiciones, el “hacer las cosas como siempre”, lo que implica que el responsable directo de la zona, el supervisor escolar, se asuma como el custodio institucional.

Lo anterior, no es una construcción individual, es una construcción social donde se sellan pactos y se ponderan lealtades, y despliegan así, un manto de silencio ante las prácticas que se preservan y que están ligadas al modelo tradicional.  Los modelos de gestión que se proponen de fuera, representan una amenaza a la estabilidad de las prácticas y procesos, por eso se da la resistencia y se busca por todos los medios, garantizar la permanencia de privilegios, de ideologías y de prácticas.

La zona escolar se convierte así, en un espacio “clausurado” donde en un lapso de tiempo se desliga de su entorno y configura para sí, una realidad propia y exclusiva de los sujetos que conviven en ella. En este sentido Lidia Fernández (2001) plantea algunos rasgos secundarios de este tipo de instituciones:

a)  Se custodia un paraíso: Adentro transcurre un tiempo idealizado en el que los sucesos se deslizan sin conflicto, pues se evita exitosamente la repetición de estilos y conflictos del mundo exterior dañino. La situación crítica parece milagrosamente detenida. Y al costo de una fuerte dosis de negación e ilusión se mantiene la impresión de haber terminado con ella. En general, el cierre del espacio institucional se opera con sutiles mecanismos de selección y exclusión de aquellos que no deben estar, combinados también con sutiles modos de retener y preservar a los que si pertenecen al mundo institucional.

b)  Se custodia un tesoro codiciado y en peligro: en estos casos las fronteras institucionales se cierran como una caja fuerte. La vida transcurre como una conciencia de riesgo por la posible contaminación con el mundo externo y/o de peligro, por la posible invasión vandálica del exterior. En la vida cotidiana son instituciones con fuertes controles para el acceso y la externación, y sólo permiten el intercambio con aquellos que se encuentran dentro de los límites de lo permitido.

c)  Se custodia un purgatorio: El adentro clausurado está diseñado especialmente para controlar la invasión de elementos dañinos del afuera pero además y especialmente para corregir, enderezar, reparar lo dañino que ha contaminado a cada uno de los individuos. Es, además, la organización institucional elegida por movimientos del poder autoritario.

Este mantenimiento de la dinámica institucional alude invariablemente a las características de las interrelaciones entre los miembros de una institución, en este caso a la zona escolar, al modo en que realizan las transacciones sociales.  El mantenimiento de lo institucional constituye también una producción social, desde las determinaciones de política educativa que les plantean una dinámica administrativa, hasta aquellas que tienen que ver con sus propias posibilidades e cambio. Entonces se plantea la disyuntiva de ser sujeto de cambio o sujeto a lo institucional.

Esta forma de vida institucional, que lleva la institucionalización de las prácticas y procesos, tiene que ver también con los modelos de administración y organización escolar que se han sedimentado en las instituciones escolares y que determina los roles que desempeñan los sujetos. En nuestras escuelas hemos estado acostumbrados a trabajar con el estilo de la administración escolar tradicional. Esto se puede advertir en la forma en que se ha construido el sistema educativo, y que se tradujo en los textos, en las estructuras, en las prácticas, en los cursos de formación orientados a los directivos y docentes, y en la concepción de prácticas educativas que tenían que seguir al pie de la letra cuestiones decididas por otros en otra parte, pero fundamentalmente, cuestiones administrativas con baja presencia de lo educativo.

Finalmente, este modelo de administración escolar ha llevado a racionalizar las acciones de los supervisores escolares que buscan únicamente, el cumplimiento de sus funciones y el ofrecimiento de resultados. Esto implica que no se exploren alternativas diferentes y se busque refugio en prácticas anquilosadas y sedimentadas simplificando con ello la complejidad de los procesos educativos de los cuales son responsables. Por otra parte, los mecanismos de supervisión penalizan aquellas conductas singulares de los docentes y directores que no se acoplan a los requerimientos institucionales, al considerarlas como conductas desviadas del orden institucional.

torresama@yahoo.com.mx