Apuntes pedagógicos

Investigación y epistemología

La actividad de investigación inscrita y reflexionada desde una perspectiva epistemológica de corte fenomenológico favorece dar cuenta de una concepción de realidad y de los procesos sociales en particular que orientan cierta construcción del conocimiento. Derivado de ello es como apunto algunos supuestos que expresan esta afiliación epistemológica:

•  La realidad social se construye socialmente.

• La realidad social está en continuo cambio y transformación. Se concibe como un proceso  no como algo acabado.

•  En un proceso de indagación existe una interacción entre el sujeto y el objeto de conocimiento. El investigador puede está implicado en los procesos que estudia, pues su condición humana y social no es ajena a la realidad estudiada.

•  Los conocimientos obtenidos, derivados de la investigación planteada, si bien son objetivos en tanto que se hacen visibles y comprensibles a otros, sólo serán válidos en un contexto histórico determinado.

Esta serie de supuestos, inscritos desde lo fenomenológico, reconocen que existe una implicación en la tarea de investigación. La implicación, para Jacques Ardoino (1997) es algo que se padece y el investigador tiene que comprender que siempre está atado a su objeto de investigación y la implicación es aquello por lo que él esta sujetado al objeto.

Esta situación de implicación en la que se encuentra el investigador  ante su objeto de investigación, lo lleva a  reflexionar en la importancia de recurrir a un cierto nivel de “reducción fenomenológica” como una estrategia para que la comprensión de la realidad social y que no se vea permeada por sus prejuicios, en tanto que dentro de sus esquemas de conocimiento existe una aproximación que ha sedimentado cierta constitución de representaciones respecto a su objeto. El fenomenólogo no niega la existencia del mundo externo, pero, para sus fines analíticos, decide suspender la creencia en su existencia; es decir, abstenerse intencional y sistemáticamente de todo juicio relacionado directa o indirectamente con la existencia del mundo externo. Esto se explica mediante el distanciamiento que se tiene hacia los acontecimientos cotidianos, en un primer momento, para posteriormente hacer el esfuerzo intelectual de mirar en forma extraña lo familiar.

Desde estos planteamientos, en la tarea de investigación debe considerarse también la categoría de la temporalidad, característica de las ciencias de la comprensión, “ciencias del espíritu” según Dilthey, en las que el conocimiento histórico es esencial, tanto de los sujetos como de su contexto. Para llegar a ello, la hermenéutica surge como el método que posibilita la comprensión y el conocimiento de algo, implica una interpretación y una forma de captar la realidad en que vivimos. Esta actividad de interpretación y discernimiento permite avanzar hacia el sentido y significación del fenómeno educativo. En términos de Heidegger, la interpretación es un desarrollo de la comprensión, en la cual es necesario tener precomprensión que a su vez se determinará por la futura comprensión, a ello lo denominó como el “círculo hermenéutico”. En este marco de ideas la realidad social se percibe como construcción holística. Al pensar los objetos en este sentido, las nociones de comprensión, significado y acción son las que, desde una reflexión epistemológica y metodológica, están más presentes.

En este sentido, el estudio de lo cotidiano de alguna situación educativa, implica un trabajo de investigación con cierta adscripción epistemológica y metodológica. Para Husen (1988) se plantean dos epistemologías diferentes en el estudio de las Ciencias Sociales, y por ende en los fenómenos educativos: una, de tradición realista, por lo general orientada cuantitativamente, que considera que el mundo “de fuera” puede ser descrito tal como “realmente es”; otra, cualitativa-interpretativa, considera que aquello que aprendemos acerca del mundo está filtrado a través de nuestros sentidos. Desde esta postura no resulta posible separar aquello que está siendo investigado del propio investigador, es decir, existe una relación entre el sujeto y el objeto de estudio.

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