Apuntes pedagógicos

Evaluación y evidencias de enseñanza

La evaluación se ha convertido en un dispositivo de política educativa para determinar si es el servicio educativo es de calidad o no y si los maestros son idóneos o no para desempeñar su función. Con este sentido de uso perverso, la evaluación ha dejado de ser un dispositivo que ofrece información para el debate y análisis educativo y se le da únicamente un uso político, a veces demasiado apresurado para ofrecer diagnósticos y poco pertinentes con la finalidad de justificar estrategias de cambio. En este contexto surgen preguntas obligadas ¿para qué evaluamos? ¿evaluamos para mejorar la calidad de nuestra educación? ó ¿evaluamos para juzgar, acusar y sancionar? En este sentido De la Garza (2004) nos dice que la evaluación no es meramente un proceso técnico, neutral e inocuo; por el contrario, como toda acción social posee una dimensión política y, en su carácter instrumental, obedece a una lógica de control.

La evaluación tiene como propósito aportar elementos que sirvan para tomar las decisiones más acertadas sobre el sujeto o el objeto que se actúa. La importancia de la evaluación, como proceso inherente a la actividad educativa, permite al evaluador fundamentar la toma de decisiones para mejorar los procesos educativos en los que actúe. En síntesis, la evaluación debe servir para mejorar.

Hoy, por ley, se ha determinado evaluar el desempeño de los docentes en México. Uno de los momentos que se evaluaran a los docentes es el referido al expediente de evidencias de enseñanza como “una muestra de los trabajos desarrollados por sus alumnos durante el ciclo escolar 2014-2015, como resultado de su práctica de enseñanza”. (SEP, 2015) Los aspectos a evaluar del expediente de evidencias se establecen con base en el documento Perfil, parámetros e indicadores de desempeño docente y técnico docente. Educación Básica. Ciclo Escolar 2015-2016.

En términos filosóficos, una evidencia (del latín, ēvidens, ‘visible, evidente, manifiesto’) es un conocimiento que se nos aparece intuitivamente de tal manera que podemos afirmar la validez de su contenido, como verdadero, con certeza, sin sombra de duda. En un sentido más restringido se denomina evidencia a cualquier conocimiento o prueba que corrobora la verdad de una proposición (Zubiri, s/f). En el mismo tenor, una evidencia pedagógica, podemos concebirla como una “muestra de enseñanza o de aprendizaje” o en un sentido más coloquial “lo que se sabe hacer” ó “lo que se hizo”, el producto del trabajo realizado, si se quisiera ser más explícito.

En el marco curricular vigente, basado en competencias, la evidencia asume un lugar protagónico. Las competencias de aprendizaje de los alumnos se convierten las evidencias de la competencia profesional del docente. En otras palabras, un docente demuestra que es competente a través de su desempeño, cuando ha sido capaz de que sus alumnos adquieran conocimientos, valores y habilidades y” lo muestren en el ámbito escolar” o más aún, en su vida social y cotidiana.

Una evidencia en el sentido de “competencia de aprendizaje” debe ser pensada, reflexionada y construida de manera permanente. Tener claridad sobre ello, permite a los docentes argumentar la evaluación de aprendizajes basado en competencias  y sus evidencias con elementos como los siguientes:

•  Considerar que la práctica docente es propia y se desarrolla en contextos particulares de acción.

•  Considerar que el desarrollo de los niños responde a patrones culturales, sociales, biológicos, psicológicos y educativos particulares.

•  Considerar que la relación educativa (maestro-alumno) está determinada por un currículum oficial y cuyas adecuaciones, cuando las hay, son producto de la formación y posicionamiento pedagógico del docente, así como de las condiciones institucionales y contextuales del entorno escolar.

•  Considerar el currículum oficial como parámetro de aprendizaje de los alumnos en términos de cumplimiento de objetivos y aprendizajes esperados.

Argumentar una evidencia entonces, tiene su mayor virtud en mostrar la particularidad y singularidad de la práctica docente, sus condiciones de operación, pero sobre todo, la posibilidad de mostrar el nivel real de las capacidades, saberes, habilidades y valores de los alumnos.

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