Apuntes pedagógicos

Educación y cambio

En los tiempos actuales, es común reconocer que los cambios sociales son más dinámicos que en otros tiempos. La educación no es un campo ajeno a ello. En este sentido, es pertinente tener presente las ideas de grandes pensadores, educadores y pedagogos, como es el caso de Paulo Freire, cuya obra de gran impacto en el pasado, cobra relevancia en el presente. Freire, en su obra “Educación y Cambio”(1° Edición,1976) motiva a pensar la labor educativa, pedagógica y didáctica como un quehacer difícil y lleno de responsabilidades del educador que, a pesar de los obstáculos con que tropieza día a día frente al sistema, continúa intentando la búsqueda de una sociedad equitativa y participativa, es decir, más humana.

En el Prologo de la obra se menciona que en la realidad actual, el rol del educador se agiganta porque es él, precisamente, quien está en contacto privilegiado con el hombre en sus años de crecimiento y formación, a condición de que asuma con responsabilidad su función social teniendo en cuenta parámetros que contribuyan a que el hombre sea cada vez más hombre, más participativo y menos máquina o robot al servicio de la pura tecnología o de intereses financieros de cúpulas anónimas y minoritarias. “Educación y Cambio” entiende que el educador es agente necesario para generar el proceso de cambio. Sin ser su trabajo espectacular y político, puede fundar las bases y estimular contenidos y participación que abran caminos a una transformación. En todo caso, deberá tener en cuenta un eje en el que sus dos puntas se complementan necesariamente: por un lado, la calidad y compromiso del educador que ha elegido libremente este rol y, por otro, la participación activa del educando. En este último sentido Freire puntualiza un criterio al que no se debe renunciar. “El hombre es sujeto de su propia educación, no puede ser objeto de ella” o, dicho más sencillamente, “nadie educa a nadie”. Todos tenemos una riqueza y una potencialidad que el educador debe contribuir a que emerja con fuerza.

En relación al compromiso profesional que debe tener el educador, Freire menciona que “La primera condición para que un ser pueda ejercer un acto comprometido está en que éste sea capaz de actuar y reflexionar. Sea capaz de, estando en el mundo, saberse en este estar en el mundo. Saber que, si la forma de su estar en el mundo condiciona la conciencia de este estar, es capaz, sin embargo, de tener la conciencia de esta conciencia condicionada. Es decir, es capaz de intencionar su conciencia a la propia forma de estar siendo, que condiciona su conciencia del estar.

Su compromiso como profesional, sin embargo, puede dicotomizarse de su compromiso original de hombre. El compromiso, como un quehacer radical y totalizado, rechaza las racionalizaciones. No puedo, en los días lunes asumir compromiso como hombre para, en los días martes, asumirlo como profesional. En cuanto lo “profesional” es atributo del hombre, no puedo, mientras ejerza un quehacer atributivo, negar el sentido profundo del quehacer sustantivo y original. Cuanto más me capacito como profesional, más sistematizo mis experiencias, cuanto más me sirvo del patrimonio cultural, que es patrimonio de todos y al que todos deben servir, más aumenta mi responsabilidad con los hombres. No puedo por ello mismo, burocratizar mi compromiso de profesional sirviendo, en una inversión dolosa de valores, más a los medios que al fin del hombre.”

Más adelante nos dice que “No es posible hacer una reflexión sobre lo que es la educación sin reflexionar sobre el hombre mismo. La educación es posible en el hombre, porque es inacabado y se sabe inacabado. Esto lo lleva a su perfección. La educación, por tanto, implica una búsqueda realizada por un sujeto que es el hombre. El hombre debe ser sujeto de su propia educación. No puede ser objeto de ella. Según esto, nadie educa a nadie. La educación tiene carácter permanente. No hay seres educados y no educados. Todos estamos educándonos. Hay grados de educación, pero éstos no son absolutos. Las sociedades latinoamericanas comienzan a inscribirse en este proceso de apertura, unas más que otras, pero la educación todavía permanece vertical. El maestro todavía es un ser superior que explica a ignorantes. Esto forma una conciencia Bancaria. El educando recibe pasivamente los conocimientos y es un depósito que hace el educador. Se educa para archivar lo que se deposita.”

En este tenor, Freire plantea que las características de la conciencia crítica son las siguientes:

• Anhelo de profundidad en el análisis del problema.

• Reconoce que la realidad es cambiante.

• Sustituye situaciones mágicas o explicaciones mágicas por principios de causalidad auténticos.

• Procura verificar o chequear los hallazgos.

• Al enfrentarse a un hecho, hace lo posible por despojarse de prejuicios.

• Rechaza posiciones quietistas.

• Rechaza toda transferencia de responsabilidad y de autoridad y acepta la delegación de las mismas.

• Es interrogadora, averigua, impacta, provoca.

• Ama el diálogo; se nutre de él.

• Ante lo nuevo no rechaza lo viejo por ser viejo, ni acepta lo nuevo por serlo, sino en la medida en que son válidos.

torresama@yahoo.com.mx