Apuntes pedagógicos

Cualidades de la maestra y maestro progresista

En 1992 Paulo Freire término uno de sus libros dedicado expresamente a los maestros, no al educador de adultos, Professora sim, tía no, cartas a quem ousa ensinar  (Maestra si, tía no, cartas a quién pretende enseñar). Rosa María Torres que escribe el Prefacio de este libro de Freire, menciona  la cuestión docente en su realidad de manera contundente: la pauperización y proletarización del magisterio; su nivel educativo precario; las bajas expectativas y motivación para quien aspira a ser maestro; el abandono de la profesión; la creciente incorporación de maestros empíricos; la pérdida de identidad y legitimación social del oficio docente; falta de oportunidades para su superación profesional; la percepción de que el maestro es el problema antes que condición y recurso; y de cómo es visto como el obstáculo principal para la renovación y el avance.

En Cartas a quién pretende enseñar (título del libro en México), Freire en su Cuarta carta, deja claro cuáles deben ser las cualidades indispensables para el mejor desempeño de las maestras y maestros en una  práctica educativa progresista. Aquí, recupero a Freire de manera puntual para dar cuenta de ellas.

Una primera cualidad es la HUMILDAD que de ningún significa falta de respeto hacia nosotros mismos, ánimo acomodaticio o cobardía. Al contrario, la humildad exige valentía, confianza en nosotros mismos, respeto hacia nosotros mismos y los demás. La humildad nos ayuda a reconocer esta sentencia obvia: nadie lo sabe todo, nadie lo ignora todo. Todos sabemos algo, todos ignoramos algo.

Otra cualidad es la AMOROSIDAD sin la cual el trabajo docente pierde el significado. Y amorosidad no sólo para los alumnos sino para el proceso de enseñar. Una especie de “amor armado” ayudar a  las maestras y maestros a sobrevivir a las negatividades de su quehacer. Las injusticias, la indiferencia del poder público, expresadas en la desvergüenza de los salarios, en el arbitrio con que son castigadas las maestras y maestros que se rebelan y participan en manifestaciones de protesta, pero a pesar de esto continúan entregándose a su trabajo con sus alumnos.

Otra cualidad, ligada a la amorosidad es la VALENTÍA. La valentía de luchar ala lado de la valentía de amar. La valentía como virtud no es algo que se encuentre fuera de sí mismo. Como superación de mi miedo, ella lo implica. A medida más y más claridad sobre mi opción, sobre mis sueños, que son sustantivamente políticos y adjetivamente pedagógicos, en la medida en que reconozco que como educador soy un político, también entiendo mejor las razones por las cuales tengo miedo y percibo cuánto tenemos aún por andar para mejorar nuestra democracia.

Otra virtud es la TOLERANCIA. Sin ella es imposible realizar un trabajo pedagógico serio, sin ella es inviable una experiencia democrática autentica; sin ella, la práctica educativa se desdice. La tolerancia, sin embargo, no es una posición irresponsable de quien juega el juego de “hagamos de cuenta”. Ser tolerante no significa ponerse en connivencia con lo intolerable, no es encubrir lo intolerable, no es amansar al agresor n disfrazarlo. La tolerancia es la virtud que nos enseña a convivir con lo que es diferente. A aprender con lo diferente, a respetar lo diferente.

De igual manera, Freire agrupa la DECISIÓN, la SEGURIDAD, la TENSIÓN entre la PACIENCIA y la IMPACIENCIA y la ALEGRÍA DE VIVIR como cualidades que deben ser cultivadas por nosotros si somos educadoras y educadores progresistas.

La capacidad de decisión es absolutamente necesaria en su trabajo de formador. Decisión es ruptura no siempre fácil de ser vivida. Pero no es posible existir sin romper, por más difícil que nos resulte romper. Por su parte la seguridad requiere competencia científica, claridad política e integridad ética. Vivir la experiencia de la tensión entre la paciencia y la impaciencia, es necesaria. Ni la paciencia por sí sola ni la impaciencia solitaria. La paciencia por sí sola puede llevar a posiciones de acomodación, de espontaneísmo, con lo que se niega su sueño democrático. La impaciencia por sí sola, puede llevar a un activismo ciego, a la acción por sí misma, a la práctica en que no respetan las relaciones entre la táctica y la estrategia. Estas cualidades serían incompletas sin la alegría de vivir, entendida como dándome por completo a la vida y no a la muerte. Y es mi entrega a la alegría de vivir, sin esconder la existencia de razones para la tristeza en esta vida, lo que me prepara para estimular y luchar por la alegría en la escuela. La escuela en la que se piensa, en la que se actúa, en la que se crea, en la que se habla, en la que se ama, se adivina la escuela que apasionadamente le dice sí a la vida. Y no la escuela que enmudece y me enmudece.

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