Apuntes pedagógicos

Comparar en educación

Comparar implica la existencia del otro. Este último concepto, objeto de estudio en el campo psicológico, filosófico, antropológico y sociológico y de expresión literaria y artística, y popularizado como la “otredad”, es empleado por Schriewer (2000) para considerar las relaciones entre culturas, países o regiones y subsistemas educativos. La relatividad cultural, de largo desarrollo en la antropología, la sociología y la historia, es otro concepto que Schriewer entrelaza con la consideración de la “otredad”. Los modos de enfrentar  la “otredad” cultural están precondicionados inicialmente por actitudes mentales opuestas, toman forma como  “método comparativo” y como “externalización hacia situaciones mundiales”, respectivamente. 

Schriewer menciona también que en el proceso de “reorganización de la ciencia moderna se le atribuyo un rol clave a la operación metodológica y conceptual de la comparación. Pues el comparar no sólo se presentaba como una forma adecuada de ampliación de la empiria, sino también de su procesamiento conceptual. (SCHRIEWER, 2000:15) En este sentido reconozco que objeto de detenida consideración es la comparación como método y como operación mental. Para Schriewer, toda comparación consiste en actos mentales dirigidos a la obtención de conocimiento mediante el establecimiento de relaciones. Debe diferenciarse comparación como operación mental cotidiana y pensamiento comparativo, como método científico social, cuyo fin es profundizar sistemáticamente los conocimientos. Esta distinción provoca consecuencias con respecto a los diseños de investigación comparativa y sus potenciales resultados. 

Las comparaciones simples se encuentran en el nivel de las operaciones mentales universales. Sus técnicas son simples o de único nivel, constituidas por procedimientos que relacionan los objetos de la comparación entre sí, con la vista puesta exclusivamente en sus aspectos fácticos, empíricos, suministrados por la experiencia social cotidiana o por  categorías sociales facilitadas por la familiaridad con las situaciones culturales estudiadas. Las informaciones que resultan se sitúan en un nivel básicamente descriptivo y no tienen valor como argumentos de proposiciones teóricas, hipótesis o modelos explicativos. 

Desde esta perspectiva, Leonardo Morlino (2002) reconoce la importancia de la actividad de comparar, donde observa una comparación explícita pero también la comparación implícita que frecuentemente utilizamos en nuestra vida cotidiana. Es así, como la comparación se convierte en un ejercicio básico de toda actividad cognoscitiva.

La comparación, para Sartori y Morlino (2002), es particularmente útil para alcanzar los objetivos de la investigación que nos planteamos, no únicamente para definir propiedades y atributos de lo que deseamos estudiar sino para identificar variaciones empíricas en realidades distintas. Tal vez por ello se plantean interrogantes problemáticas como ¿por qué comparar?, ¿qué comparar?,¿cómo comparar?, que generan un punto de partida para el análisis de la comparación, constituyendo un recurso orientativo más que conclusivo.

Farrell (2002) por su parte, considera como uno de sus presupuestos básicos la inexistencia de una metodología comparativa, para él existen los datos comparados, a los que se pueden aplicar una gran variedad de instrumentos analíticos, estando toda la operación a las exigencias del método científico. Lo anterior en función a un triple carácter que observa en la ciencia: sistemática, empírica y comparativa. En relación a ello, considera que el trabajo científico no consiste en elaborar proposiciones verificables sobre relaciones entre variables que puedan incorporarse a una teoría sino, fundamentalmente, en verificar dichas relaciones. Todo ello con el propósito de examinar su capacidad de generalización teórica y su poder explicativo.  Más adelante reconoce que en el ámbito de la investigación humana, al que evidentemente pertenece la educación, la comparación es una tarea esencialmente compleja. En este sentido refuerza la idea de utilizar datos comparados ya que esto nos llevará a conocer la relación existente entre los universos especiales y los generales, si esto no es así, ninguna verificación de una proposición, con independencia de cómo se haga, será suficiente, pero además debemos comprender por qué existe esta relación, es decir, disponer de una explicación.

Finalmente, recuperando nuevamente a Farell, se reconoce que en el estudio de la educación comparada el macroanálisis y microanálisis del sistema educativo es necesario, en ellos, la escuela, el currículum, los métodos, los sujetos, las políticas educativas, etc. vienen a conformar distintos “objetos” de abordaje para la educación comparada, lo esencial es que se comparen en función de las metodologías de las ciencias sociales.