Apuntes pedagógicos

Ayotzinapa: la educación lastimada

La educación en nuestro país se encuentra lastimada. La indignación está presente en cada espacio, en cada persona. Nos sentimos indignados ante la realidad que cancela la esperanza y hace resurgir la tiranía. Ayer fueron cientos de estudiantes muertos. Hoy son 43 estudiantes desaparecidos y otros más, muertos. Mañana cuántos? La criminalización de la protesta social ha sido una constante en todos los órdenes de gobierno, y de manera persistente diríamos, con los estudiantes de las normales rurales. Las Escuelas Normales Rurales siempre han sido vistas con desconfianza por los gobiernos en turno y han tenido que defender su vigencia con base en movilizaciones. Frecuentemente se les endilga ser “semilleros de guerrilleros”. No ha habido un solo año en el que no exista una movilización en defensa de alguna escuela normal rural. Invariablemente, en cada movilización mientras, un grupo grita el nombre de su escuela y el resto contesta: “¡En pie de lucha!”. Cantan el himno socialista Venceremos y concluyen: “¡Normales rurales, las quieren desaparecer / nosotros, con lucha y sangre, las vamos a defender!”.

Las Escuelas Normales Rurales originalmente fueron planteadas como Escuelas Rurales Regionales o Centrales Agrícolas y formaron de manera sustantiva como parte de los proyectos educativos posrevolucionarios. Su propósito y principio esencial es la socialización de la educación en el ámbito rural mexicano así como propiciar la concientización y participación social. La defensa de la educación pública ha sido una motivación de vida de los estudiantes normalistas  de estas escuelas. Adoptaron este esquema de lucha y vida como un derecho popular y sobre todo como un derecho de los más pobres. Así, la educación se concibe como una herramienta  fundamental para la comprensión de la realidad social y la posibilidad de su transformación.

La casa (como ellos la conciben y viven) de los 43 estudiantes desaparecidos es la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, mejor conocida como Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, se encuentra en la población de Ayotzinapa, en el municipio de Tixtla, Guerrero. Al igual que otras, formó parte del sistema de escuelas normales rurales concebidas como parte de un ambicioso plan de masificación educativa implementado por el estado mexicano a partir de la década de 1920. La normal de Ayotzinapa ha tenido un fuerte componente de transformación social, por lo que han sido semillero de movimientos sociales, ha sido también sido el sitio donde se formaron personajes como Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vázquez Rojas, que encabezaron dos importantes movimientos guerrilleros en México durante el siglo XX.

No cabe duda, la transformación social siempre incomoda al gobierno en turno. La protesta social no se acepta, se elimina, y en ocasiones se extermina, no solo la protesta sino a las personas que la llevan a cabo. Los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos defendían la educación pública. Defendían un sueño, una utopía, que criminalmente les fue interrumpida.  Su lucha es la de muchos, que sin embargo no se cancela, se incrementa en otras voces, en otros lugares, en otros espacios, en otros contextos. La búsqueda de la transformación social así lo exige.

La educación, nuestra educación en México, se encuentra lastimada. Coyunturalmente es un momento para repensar el papel histórico que han tenido las Normales Rurales en beneficio de la educación. Lo sucedido con los estudiantes de Ayotzinapa no tiene que repetirse. Las comunidades educativas, docentes, estudiantes, padres de familia, investigadores, profesionales de la educación, tenemos una responsabilidad: trabajar para que la educación sea el dispositivo de transformación social. Si hoy vemos que el autoritarismo y la tiranía gubernamental lastiman nuestra educación con actos criminales, no podemos callarnos. No podemos aceptar dócilmente que la esperanza depositada en futuros maestros sea exterminada.

La responsabilidad ética de los maestros es construir una educación sana, una educación con esperanza, donde el pensamiento libre sea el alimento diario. La educación, lo han dicho muchos, es un acto político; pero también es pensamiento y acción. Si nuestra educación hoy en día esta lastimada, sólo el pensamiento y la acción pueden sanarla. Sólo puede sanarse con un posicionamiento político y pedagógico claro. La lucha interrumpida de los 43 estudiantes desparecidos debe encontrar puntos de continuidad, en el aula, en la escuela, en la universidad, en todos los espacios y lugares. Su lucha por la educación como un derecho debe ser la lucha de todos. Sólo será posible una educación sana, si la acción la hacemos con ellos. Y sí, nuestra educación ha sido lastimada, esta lastimada, y por ello, su grito de dolor es: ¡¡¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!!!!

torresama@yahoo.com.mx