El otro enfoque

El miedo al funicular

1.- Una investigación sin transparencia

Los guías de turistas son los encargados de narrar con detalle, el accidente del funicular que sube y baja al mirador del El Pípila y donde una joven capitalina resultó con lesiones graves.

Sin causa aparente, cuentan ellos, una de las cabinas se desató del malacate del Funicular y cayó 70 metros "con una de las operadoras en el interior" que, para surte de ella, "vivió para contarlo. Es un misterio qué fue lo que pasó".

Y es cierto.

A pesar de las investigaciones realizadas por los expertos e inexpertos, la empresa dueña del Funicular, no ha explicado qué fue lo que realmente sucedió en el accidente de hace diez meses, ni tampoco se le ven intenciones de informarlo. Además, anda sabemos si implementó otras medidas preventivas para evitar otra desgracia.

Tampoco lo ha hecho con la claridad suficiente, la dirección de Protección Civil, ni mucho menos la dirección de Seguridad Ciudadana. Todas las investigaciones se quedaron en el secreto municipal.

2.- Los guías de turistas dicen la verdad: "Es un misterio".

Y son ellos quienes dejan que el visitante, asuma bajo su propio riesgo, la decisión de ocupar las cabinas del funicular, pese a que la empresa que opera este "transporte", jure y perjure, en sus anuncios internos, que se trata de un viaje seguro.

Mentira, por supuesto.

No hay nada que nos pueda garantizar semejante afirmación. Ni el dueño, Eduardo Knapp, ni las autoridades municipales, nos lo pueden asegurar. Sobre todo, pese a que la autora de este funicular, una empresa europea, se jacte de haber inventado un vehículo muy seguro.

El accidente es una evidencia de que no lo es, ni lo será.

Así que, mientras nadie nos diga qué fue lo sucedió hace unos meses, el fantasma del miedo al funicular, seguirá en la Capital y será una leyenda contemporánea, cuyos autores nos advertirán del riesgo que representa, si lo abordamos.

Así de simple.

Por lo pronto, yo no me subo.