El otro enfoque

Las Contralorías Municipales

1.- Todos se vigilan o todos se coluden

Los observatorios ciudadanos surgieron para vigilar el cumplimiento de los gobernantes, como si las Contralorías Municipales no atendieran ese mandato de la Ley, o quizás surgieron también, porque desconfían de todo el sistema.

Entre sus propósitos está el de revisar algunos de los procesos de las administraciones municipales, al azar o de manera arbitraria, con el objetivo de advertir anomalías, irregularidades u opacidades que podrían representar actos ilegales.

Es lamentable que, en muchos ejemplos, las Contralorías terminan coludidos.

Tan corruptos como los corruptibles.

Antes del 15 de noviembre, las nuevas administraciones municipales deberán de tener un nuevo contralor que, por primera vez en la historia de Guanajuato, se elegirá de manera abierta y en consulta con la ciudadanía.

Serán Contralores surgidos de la sociedad.

Durante los trienios pasados, las Contralorías Municipales eran manejadas por la primera minoría en el Ayuntamiento, lo que representaba una pugna política con los gobernantes o un contubernio de ambos para legalizar actos inmorales.

Todos ganaban y todos se solapaban.

Este año, los Presidentes Municipales tienen la oportunidad de generar un ejercicio verdaderamente ciudadano, con posibilidades de permitir una sana vigilancia a cada una de las actuaciones o decisiones de los gobernantes.

Si los ediles entienden el espíritu de la ley, no meterán la mano, ni los pies, ni nada en la decisión final; pero si deciden negociar, planchar la designación de un Contralor o disfrazar la selección de éste, habremos de padecer la maldición de la corrupción por otros tres años.

2.- La experiencia así lo advierte.

Quizás por eso continúa el surgimiento de observatorios.

En Guanajuato, por fortuna, hay ciudadanos que vigilan el actuar de los gobiernos municipales, pero por desgracia, hay una gran área de oportunidad para vigilar el actuar del Gobierno del Estado y el propio Poder Legislativo.

Urge en el estado un observatorio que vigile las actuaciones del gobierno estatal, pues la Contraloría o Secretaría de Transparencia y Rendición de Cuentas, es mucho más que una letra muerta.

Es también muy indispensable que surja un observatorio parlamentario, que pueda señalar las actuaciones de nuestros legisladores, sus decisiones, sus gastos, sus gestiones, sus señalamientos y demás acciones.

Quizás deberíamos de ser todos los vigilantes o quizás debemos de seleccionar a personajes de prestigio y con buena reputación para que nos ayuden a concretar lo que muchas Contralorías no logran.

El reto no sólo es de participación ciudadana, sino de facilidades gubernamentales para que emerjan este tipo de iniciativas, alejadas de decisiones partidarias o de influencias azules, rojas, amarillas o morenitas.

El primer paso, sin duda, será la selección de los nuevos Contralores.

Es una lástima que sólo permitan la participación de abogados, contadores o administradores para encabezar esta nueva figura, pero más lamentable será que, a pesar del este esfuerzo legal, terminen coludidos como siempre.

A los próximos Contralores les exigimos carácter.

Ni omisos ni sumisos.

Ya basta.