Mrs. ó Mr. Alcalde 2013 ¿Quién cree que ganó?

1.- ¿Habrá alguien que pueda limitarles?

Las celebridades son aquellas personas que buscan alcanzar el mayor número de fama o reconocimiento social; reclaman un alto grado de atención del público y hasta de los mismos medios de comunicación.

Este fin de semana, tras ver la pasarela política que hicieron diputados y alcaldes con sus informes de gobierno, fue notario su nivel de protagonismo y el lamentable gasto de dinero público que usaron a favor de cada uno de ellos.

Si bien las reformas electorales más recientes, limitaron un poco el despilfarro que hacen los mal llamados “servidores públicos”, todos ellos confunden el servicio con la arrogancia y egoísmo.

Acaso les interesa hacer rimbombantes eventos de dos horas, donde su limitada estrategia comunicativa, resulta por demás ineficiente si comparamos su presupuesto con los resultados.

Sus obras pues desnudan sus frívolas intenciones.

2.- La aparente competencia por gastar dinero

Todo aparenta una competencia frívola entre ellos, a fin de demostrar lo que no han hecho todavía, pues organizan eventos de mucho gasto con anuncios futuristas de obras invisibles.

En el círculo rojo, todos aplauden la buena labor que hace el presidente de San Miguel de Allende, Mauricio Trejo, quien por cierto, es ahora uno de los más atacados, pero resaltan también el mal sabor de boca que dejó la alcaldesa, Bárbara Botello.

Todos se preguntan por qué los legisladores panistas celebraron en un hotel VIP de León, mientras los priistas quisieron verse más austeros en su sede estatal del Paseo de la Presa.

Pero más allá de eso, nos preguntamos qué informarán aquellos diputados que ni hablan ni proyectan. Qué dirá el legislador, Guillermo Romo, quien sigue con sus ausencias sospechosas a las sesiones.

No es posible semejante descaro.

Para ellos, gastar un poco más de un millón de pesos en un show de luces, cámaras y pantallas, los hace lucir como verdaderos artistas, sin considerar que gastaron hasta 150 mil pesos en un video que muestra su egolatría.

Nuestros señores diputados y alcaldes, con sus respectivas excepciones, han olvidado que esas malas costumbres del priismo, dejó un mal sabor de boca que se señalaron en su momento.

No deben permitir que su protagonismo, su ambicioso proyecto político y hasta su arrogancia e ideas maquiavélicas, les permita olvidarse del propósito para que fueron puestos.

No los pusimos para reclamarse, ni para pelear por su partido.

Los escogimos porque aún creemos que pueden levantar el alto honor de ser verdaderos servidores públicos, que no solo cuidan sus dichos y sus formas, sino que además, mantienen esa buena actitud de favorecer a los más necesitados.

Sólo dos años les resta.