Miércoles de 2 x 1

"The maze runner" cumple con su misión

Como ha venido sucediendo en los últimos años, la literatura para los llamados adultos jóvenes viene ganando espacios en otros medios, en especial en el cine que ve a estos libros (la mayoría trilogías) con una base sólida para explotar en taquilla con una inversión relativamente baja.

Este es el caso de The maze runner. Correr o morir que el fin de semana llegó a las pantallas mexicanas con la misión de volverse el nuevo éxito o al menos no caer en el abismo del olvido como ha sucedido con más de un proyecto de este tipo.

Para empezar hay que hablar de la obra original, escrita por James Dashner, quien desde hace más de una década viene desempeñándose exitosamente como escritor de noveles para el público infantil y juvenil. Fue en 2009 cuando saca su novela The maze runner que concluyó luego de cuatro libros.

Como por aquella época los estudios ya le habían echado el ojo a este género no tardaron en que uno de los estudios comprara los derechos para llevarla a la pantalla grande. La que apostó fue 20th Century Fox que así busca tener su propia saga juvenil, y en primera instancia parecer que va por buen camino.

¿Qué tiene Correr o morir para ganarse su lugar entre el público cuando ya casi cada año salen por lo menos tres de estas películas? En primer lugar tiene la peculiaridad de que es la primera novela juvenil en un mundo post apocalíptico que no es protagonizada por una mujer.

Tenemos a Thomas (Dylan O’Brien) quien un día despierta en un elevador tipo jaula, no recuerda nada, sólo tiene imágenes confusas en su mente que bien confunde con sueños. El joven llega a El Área, una zona verde rodeada por una pared gigante que esconde al laberinto.

En El Área viven otros jóvenes como él, quienes bajo el liderazgo de Alby (Aml Ameen) han creado una sociedad más o menos organizada que incluye un grupo encargado de encontrar la salida del Laberinto, pues como Thomas, nadie recuerda nada.

El problema radica en que para sobrevivir, los chicos de El Área han sacrificado mucha de su libertad, algo que Thomas no está dispuesto a aceptar pues su curiosidad es mucha, poniendo en riesgo a todos pero al mismo tiempo dando esperanza de que él podría encontrar las respuestas a las preguntas que todos se hacen: ¿quién y por qué los pusieron ahí? ¿Qué hay detrás del Laberinto?

Como es de esperarse, esta es sólo la primera de cuatro partes de la saga, que volverá en los próximos años luego de confirmarse la secuela, lo cual significa que tal vez veamos algo más arriesgado para un proyecto que al menos ya llamó la atención del público en general.

Si algo funciona en Correr o morir es que ofrece otro modo de ver las historias de adultos jóvenes. En primer lugar no hay historia de amor a primera vista (aunque se quedan los elementos para el futuro), los problemas de una sociedad post apocalíptica se reducen a un grupo de adolescentes, algo así como El señor de las moscas de William Golding, aunque más light.

Otra cosa que distingue a esta película de otras de su género es el buen manejo de recursos limitados. Con un presupuesto de 40 millones de dólares parecía que tendría problemas para los efectos especiales, en especial en la parte del Laberinto que es descrito en la novela como algo con vida.

Pues el acierto fue poner a Wes Ball en la silla de director, quien a pesar de tener por primera vez una responsabilidad como ésta. Su historial en departamentos de efectos especiales y diseño de producción sirvió para superar las carencias de dinero.

De la adaptación del libro a la pantalla grande sirvió que el mismo Dashner estuviera muy de cerca tanto en la historia como en el guión, por lo que los fans no podrán decirse que perdido el espíritu original, y de hecho quienes no somos tenemos una historia a la cual todos le entienden pese a no conocer la novela.

Es una película de casi dos horas donde no le sobra tiempo, y como era de esperarse deja cabos sueltos pero que no afectan al desarrollo de la misma ya que abren el paso a la siguiente entrega como debe de ser.

Correr o morir tiene como estigma ser una novela para adolescentes, pero en nada demerita que es entretenida, por encima del promedio del género que ve en Los juegos del hambre a su, hasta el momento, mejor exponente, pero que no tapa a fracasos como Hermosas criaturas o a intentos medianos como Divergente.

No será la película del año, ni la sorpresa del año, pero al menos superó la primera prueba tanto de calidad como de taquilla, tanto que sí se antoja esperar para la secuela, al menos por curiosidad.

alejandro.suarez@milenio.com