Miércoles de 2 x 1

¿Mexicano o extranjero?

Ante el triunfo de Alfonso Cuarón sólo hay que aplaudir. El director de origen mexicano hizo válidos los pronósticos al llevarse el Oscar por su trabajo en Gravedad. Pero de ahí salió tremenda polémica ¿El cine mexicano debe celebrar esto? O mejor dicho ¿debe colgarse el triunfo no sólo de él, también de Emmanuel Lubezki y Lupita Nyong’o?

En verdad se debe de hacer un análisis profundo de lo que significa esto para la industria cinematográfica del país, pues más allá de si Gravedad es o no una película mexicana, lo que está en el fondo es un arte que en otras partes del mundo se cataloga como estratégico, ya sea por los miles de millones que genera como por su impacto cultural.

Vamos por partes. Cierto, Cuarón es mexicano, estudió en México y tuvo algunos proyectos en el país, pero fue hasta que emigró que su talento en verdad se desarrolló. Parte de ese aprendizaje lo hizo al lado de Lubezki, con quien ya hizo una mancuerna ganadora, no sólo por Gravedad, sino por La princesita y Niños del hombre.

Punto que tienen las personas que afirman que es un premio para México es que sí, de alguna manera Cuarón y El Chivo aprendieron (mucho o poco no sé) en escuelas mexicanas. Pero de ahí a que sea un triunfo total de nuestra industria, pues…

Ya pasaron dos décadas de que estos dos genios del cine emigraron a otros países para desarrollar sus mentes y entregar al público películas sensacionales, así que entregar los Oscar al cine mexicano parece muy exagerado, por no decir patriotero.

El mismo Cuarón dijo la semana pasada que si ganaba eso no sería un triunfo del cine mexicano; y ya no digamos lo que Nyong’o comentó sobre que el éxito era de ella, no de México.

Aunque todos los titulares destacaron que tres mexicanos ganaron en el Oscar, la verdad de eso a pensar que con eso despegará la industria nacional creo que es una proyección sin fundamento.

Haciendo una analogía un tanto simple, me recuerda a los 80, cuando un mexicano era el mejor delantero del mundo. Si bien Hugo Sánchez tenía el potencial para convertirse en el futbolista más talentoso del orbe, eso no significó un título mundial; sólo le alcanzó para quedar entre los ocho primero de la Copa realizada en casa.

¿Cómo puede ganar México el Mundial? Con más que el mejor delantero del planeta, con muchos muy buenos futbolistas que se conjunten en el momento exacto para alzar el trofeo dorado. Ese es el mismo caso del cine.

El año pasado fue muy bueno para las producciones nacionales. En el ámbito del cine de arte Heli consolidó lo que viene haciéndose en los festivales, mientras que una buena racha de comedias vino a demostrar que la gente sí está dispuesta a pagar por ver cine mexicano.

Ahora lo que viene es ampliar los géneros y mezclar el arte con lo comercial. ¿A qué me refiero? En el caso del cine comercial se debe de evitar caer en el cliché de que sólo con películas de comedia se puede ganar la taquilla.

Algo parecido ocurrió la década pasada, cuando el tema de la delincuencia tomó por asalto a todos los escritores nacionales; la formula se estancó y salvo algunas excepciones (como Heli o El infierno) ya no trascendieron. Apostar por más variedad en la cartelera comercial fortalecerá no sólo al mercado, sino a la cultura.

Del lado de las películas de “arte” habrá que ver cómo logran ganarse un espacio en las salas. Heli llegó por su triunfo en Canes, pero también hay que hablar de otras producciones como La jaula de oro o Club sándwich, par de proyectos que destacaron en los festivales.

La siguiente etapa, piensan muchos, es que se abran paso en más salas, pero antes hay que checar otro punto. Este tipo de filmes, al no encontrar la oportunidad de proyecciones masiva se concentran en festivales, donde está la mayor parte del público que habitualmente las ve.

Si no se logra dar difusión adecuada para que al menos una parte del cinéfilo de fin de semana en plaza comercial se interese por ellas, no valdrá de nada que salgan a corridas masivas, pues a quienes les gusta este tipo de propuestas ya las habrán visto y a quienes no, preferirán pasar a otra sala creando un circulo vicioso: no apuestan por el cine de arte mexicano porque nadie lo ve.

Son dos asuntos pendientes de la industria, un sector que es tan débil que realizar una película del tipo Gravedad está fuera de este mundo.

Así, en lugar de regatear triunfos de mexicanos, el cine nacional debe de ver sus virtudes (porque los tiene) y sus defectos para ser invitado recurrente de la alfombra roja de los Oscar.

alejandro.suarez@milenio.com