En Corto

Todo terreno

Para los amantes de ese tipo de aventuras, la tarde del domingo pasado prometía ser una de las mejores. Respondiendo a una convocatoria llevada a cabo por un club deportivo en redes sociales, decenas de vehículos "todo terreno" se dieron cita para recorrer un arroyo en Sonora, desde la ranchería Cuchuberachi hasta el ejido Cabullona.

Los pilotos de la unidades iban acompañados de familiares y amigos, quienes entusiasmados y alegres iniciaron el trayecto. Sin embargo, a las seis de la tarde, una creciente inesperada en el río sorprendió al convoy, provocando que los vehículos volcaran y fueran arrastrados. La razón: en las horas previas al paseo cayeron lluvias torrenciales en la región fronteriza de Agua Prieta, Sonora, con Douglas, Arizona; lo que provocó un torrente inesperado de agua en el cauce.

Nadie anticipaba que un día de esparcimiento acabara por convertirse en tragedia. Alrededor de 20 vehículos todo terreno fueron arrastrados por el río; 10 personas perdieron la vida, dos se reportaron como desparecidas, mientras que otras 25 pudieron ser rescatadas por los cuerpos de emergencia en estado de shock.

En cierto sentido a los seres humanos nos ocurre algo similar. A veces nos sentimos "todo terreno". Es decir, pensamos que todo lo podemos y que todo depende de nosotros mismos. No siempre lo decimos, pero en nuestro fuero interno imaginamos que "tenemos el control". Transitamos en la vida de forma confiada y desparpajada. Pero de pronto ocurre algo que no anticipábamos, y nos arrastra: la pérdida de un ser querido, de la salud; crisis en el hogar; quebranto económico, etc.

La Biblia enseña que fuimos creados por Dios y para Dios. No fuimos diseñados para vivir a nuestra manera. Necesitamos de él para sortear un mundo lleno de complejidades y sutiles trampas. "Fíate de Dios de todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia, reconócelo en todos tus caminos y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión".

El corazón del hombre es engañoso y perverso más que todas las cosas, y por eso no podemos confiar en lo que sentimos o pensamos. Vayamos mejor a Jesucristo, quién en la cruz del calvario pagó el precio de nuestros pecados, para otorgarnos perdón, salvación y vida eterna.

Jesús puede y desea, salvar y rescatar al perdido.