En Corto

¡Estás loco!

Pecado. Cielo. Infierno. Dios. Perdón, y salvación exclusivamente a través de Jesucristo. Estas palabras, incomodan la mente y la conciencia del hombre. Tan solo considerar la existencia de un Creador, significa para muchos un insulto al intelecto.

Esto no es propio de la época en que vivimos; no es consecuencia de los avances de la ciencia y la tecnología; no es resultado de "la evolución en el pensamiento". Simplemente es producto de la dureza de nuestros corazones.

En cierta ocasión, el apóstol Pablo fue encarcelado durante dos años en Cesarea, acusado de profesar su fe en Jesucristo. Sin cargos legales en su contra, el gobernador Festo pidió al rey Agripa y a su esposa Berenice, que le ayudaran con el caso.

Cuando se le permitió hablar, Pablo narró su encuentro personal con Jesús rumbo a Damasco, a donde se dirigía con el fin de apresar cristianos: "Vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues... Te he escogido para que prediques el evangelio y la gente se convierta de las tinieblas a la luz; de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados".

Pablo entonces contó cómo se dedicó a predicar a Jesús como Salvador y Mesías: "No he dicho nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de suceder: Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles".

El libro de Hechos narra la reacción que se dio ante tales palabras: "Festo a gran voz dijo: ¡Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco! Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano".

No es locura creer en Cristo; más bien nuestra locura es el resultado de no creer en él. Jesús vive, te ama, y anhela salvarte.

¿Decides creer?