En Corto

Qué falta

Parecía tenerlo todo: Belleza, popularidad, fama, e influencia. Estuvo a punto de ser "Miss Venezuela". Llegó al certamen luego de ganar el título de "Miss Sucre". Pero no solo eso, a sus 26 años de edad, Damarys Ruiz era una abogada con una promisoria carrera laboral. En su horizonte todo parecía tener brillo; era una de las mujeres más codiciadas de su país, y el salir con millonarios o celebridades era habitual para ella. Así que durante años gozó de "éxito y plena vida".

Pero al paso del tiempo, los reflectores se apagaron y Damarys acabó viviendo como indigente en las calles. El refugio de sus solitarias y extensas horas, era el Parque Central de Venezuela. Su legendaria belleza desapareció. Una larga y descuidada cabellera; el rostro demacrado por el hambre y un sin cúmulo de experiencias dolorosas; en medio del olvido de autoridades, familiares y amigos. Finalmente, hace unos días, el cuerpo de Damarys fue hallado en un parque y trasladado a la morgue, a donde pasó días sin que nadie lo reclamara.

¿Qué necesitamos para que nuestra vida tenga verdadero sentido y propósito? La historia continuamente nos enseña que ni la belleza, la fama, el poder, la riqueza, el conocimiento, o cualquier otra cosa que este mundo ofrece; puede llenar el vacío de nuestra alma.

Nuestro verdadero problema es hacer a un lado a Dios y confiar en nosotros mismos, en nuestras ideas, capacidades, relaciones, o talentos. En torno a esto Dios nos dice en su palabra: "Ustedes, pueblo mío, cometieron dos pecados: me abandonaron a mí, que soy la fuente de agua que les da vida, y se hicieron sus propios estanques, que no retienen el agua. Yo era su guía, pero ustedes me rechazaron".

David, el famoso rey de Israel, llegó a comprender esta verdad, de tal manera que escribió: "Así como un venado sediento desea el agua de un arroyo, así también mi alma, Dios mío, tiene sed de ti".

Su hijo, el rey Salomón nos dice que procuró "no negar a sus ojos nada que desearan", pero descubrió que "todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol". Al final del libro de Eclesiastés escribió: "El fin de todo discurso es este, teme a Dios y guarda sus mandamientos. Esto es el todo del hombre".

Fuimos creados por Cristo y para Cristo. Solo en él encontraremos salvación y vida.