En Corto

No debió estrellarse

El teniente estadounidense William J. Hatton, capitán del bombardero B-24 "Lady be good", despegó de su base en Libia el 4 de abril de 1943, para bombardear el puerto de Nápoles Italia ubicado a mil 120 kilómetros de distancia.

La aeronave y su tripulación de nueve elementos realizaron el vuelo de cinco horas, y tras intentar completar la misión, el teniente Hatton dio la instrucción de regresar a la base; pero el avión nunca llegó a su destino. El comando aéreo supuso que habían sido derribados en combate.

Sin embargo, el 9 de noviembre de 1959, la historia daría un dramático giro. El "Lady be good" fue localizado casi intacto al interior del desierto del Sahara sobre unas dunas de arena, a 440 kilómetros al sur de su base. Las ametralladoras funcionaban bien, la radio podía recibir señal, los instrumentos de vuelo operaban a la perfección.

¿Qué es lo que ocurrió? Al parecer, de regreso a la base, el bombardeo fue impulsado por un viento de cola que aceleró su retorno. Sin embargo el capitán, guiado por sus sentidos, decidió seguir volando hacia el sur, suponiendo que faltaba tiempo para el arribo; de esta manera pasó por encima de su base y se adentró al desierto del Sahara. A punto de acabarse el combustible, ordenó a todos saltar del avión en paracaídas. Al final, el avión, en piloto automático, se posó sobre las dunas sufriendo daños menores.

Uno de los tripulantes murió al no abrirse el paracaídas; los otros emprendieron la caminata hacia el norte, intentando regresar a su base. Todos perecieron de sed en el desierto. El avión pudo salvarse, pero el piloto no confió en sus instrumentos y sobrevino la tragedia.

¿Sabes? No podemos confiar en "nuestras emociones y sentimientos", ya que son inestables y cambiantes. Dios nos ha dado su palabra para guiarnos en este mundo lleno de peligros. Por eso el salmista escribió, "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino". Pedro también señala, "Tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacemos bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro".

¿Te sientes perdido y sin esperanza? Jesús quiere salvarte. Él asegura, "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Dale tu vida a Jesús. Él te ama.