En Corto

Fui ciego

No nació ciega, pero cuando Lisa Reed era pequeñita, los médicos le encontraron un tumor cerebral que oprimía el nervio óptico. Lo demás fue cosa de tiempo. A los 11 años de edad, Lisa perdió por completo la vista y tuvo que habituarse a vivir en un mundo de tinieblas.

Así transcurrió casi una década y media, hasta que una noche todo cambió de forma sorprendente: Antes de irse a la cama, Lisa encontró a su mascota recostada debajo de una mesa, por lo que se agachó para acariciarla y darle un beso de buenas noches. Al incorporarse, perdió la referencia del espacio golpeándose fuertemente la cabeza. Adolorida, frotándose con la mano y quejándose, Lisa se fue a dormir. Al día siguiente se levantó, pero de inmediato se dio cuenta de que algo había cambiado; desconcertada captó lo que ocurría: Había recuperado parcialmente la vista. "Nadie sabe qué pasó, ni puede explicarlo. Realmente no puedo describir lo que sentí. Fue fantástico, maravilloso. No se puede imaginar lo que significa. Es un regalo ver al mundo nuevamente", diría luego.

En el plano espiritual ocurre algo similar. El pecado es como un tumor que nos ciega y arroja a un mundo de oscuridad. Perdemos la noción del Dios verdadero y de nuestro destino eterno. Luego nos habituamos a andar por la vida dando tumbos, siendo lastimados y lastimando a otros.

De pronto un duro golpe nos derriba y elevamos una plegaria al cielo implorando por ayuda. De forma extraña, alguien nos comparte acerca del amor de Dios a nuestras vidas por medio de Cristo, quien nos dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".

Es el regalo del cielo, a través de lo que Dios hizo por nosotros en la cruz del calvario. Ahí Jesús pagó el precio de nuestra libertad. Solo él puede librarnos de una vida miserable. Solo él puede sanar nuestro corazón. Solo él puede librarnos de la esclavitud del pecado. Solo él puede devolvernos la vista en el plano espiritual.

Acude a Jesús. Él te ama y ofrece, por su gracia, perdón y salvación.