En Corto

“Lo chupó el diablo”

¿Se acuerdan de la frase que nos citaba mamá cuando algún alimento se nos caía al suelo? "¡No te lo comas, porque lo chupó el diablo!" Con todo, la advertencia no siempre era suficiente para desistir en llevarnos el dulce de nueva cuenta a la boca.

Un grupo de científicos de la Universidad de Aston en Inglaterra demostró a través de estudios, que el 87 por ciento de las personas nos llevamos a la boca cualquier alimento que por descuido se nos caiga. Al final del camino, un buen soplido es suficiente "para limpiarlo", ¿o no?

En el 2006, el "Journal of AppliedMicrobiology"informaba que por ejemplo la salmonela, puede sobrevivir cuatro semanas en una superficie sucia. Así que si el pan se nos cayera en ese lugar, tendríamos altas posibilidades de enfermarnos.

Diversas investigaciones indican que tanto el tiempo como la superficie, son esenciales en la transferencia de micro organismos y bacterias como E. Coli y Staphylococcusaureus Por eso los científicos sugieren aplicar la regla de "los cinco segundos" para mayor seguridad. Es decir; si el alimento se nos cae, no debemos llevarlo a la boca si pasa más de ese tiempo, sobre todo cuando ocurre en laminados y azulejos.

Vivimos en un mundo lleno de bacterias, micro organismos y virus; pero también de maldad e inmoralidad. Como seres humanos llevamos mucho tiempo en contacto con relaciones, actividades, filosofías, estilos de vida, prácticas y ambientes que contaminan el alma y la mente. Por si esto no fuera suficiente, nuestro corazón es una fábrica de malas intenciones y pensamientos equivocados. Fácilmente producimos amargura, enojo, queja e insatisfacción.

De pronto nuestra vida es un desastre. Las relaciones matrimoniales y familiares se envenenan. Las amistades se rompen. Negocios, actividades deportivas, sociales y políticas se corrompen.

Dios da el diagnóstico del problema que consiste en una sola cosa: Pecado. Nadie somos inmunes a él, "todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios", asegura la Escritura.

Sin embargo, Dios también nos ofrece gratuitamente la vacuna para librarnos de la esclavitud al pecado y sus consecuencias eternas. Solo basta depositar nuestra fe en Jesucristo como señor y salvador, reconociendo nuestra condición de pecadores y nuestra necesidad de él.