En Corto

¿Eres un campeón?

¡Eres un campeón! ¡Todo está dentro de ti! ¡Focalízate en tus aspiraciones y ve tras ello! ¡Si lo quieres, puedes conseguirlo! ¡No te rindas, en ti está la capacidad de vencer!

¿Has escuchado frases como estas? Quizá forman parte de tu experiencia al participar en un curso de superación personal, o bien cuando formaste parte de algún equipo deportivo. Sin embargo de pronto descubres que por bien que suenen, esas frases parecen no funcionar mucho.

Hace un par de días leí un interesante artículo sobre un verdadero "campeón", Julio César Chávez. Este habilidoso pugilista se mantuvo durante nueve años en la cumbre mundial en distintas categorías, y no perdió una sola pelea en noventa consecutivas. Era admirado por todos. Sin embargo, llegó el día de la derrota ante Frankie Randall e inició el declive de su carrera. Luego surgiría la historia oculta: una vida de excesos y despilfarro.

"Imagínate, desde que fui campeón del mundo por primera vez, desde que le gané al Azabache Martínez (13 de septiembre de 1984), todo para arriba, para arriba, para arriba: elogios, dinero, fama, todo hasta que llegó un momento donde no le vi sentido a la vida. Me sentía vacío. Tener dinero, fama, mujeres y no hallarle sentido a la vida es feo, es horroroso tener una vida vacía, es algo que no se lo deseo ni al más jodido del mundo... Yo gané más de 100 millones de dólares, ¡imagínate!". Le contó Julio César recientemente al periodista José Luis Tapia.

La historia da cuenta vez tras vez de que por más fama, poder, riqueza, o éxito que se acumule o logre; el ser humano jamás llenará su vacío interno con lo que el mundo ofrece. ¿Cuál sería la explicación a esto? La Biblia tiene una respuesta sencilla y clara: Fuimos creados por Dios y para Dios. Sin él nuestra vida jamás tendrá sentido, porque en Dios está nuestra identidad y origen; pero, el pecado separó al hombre de su creador: "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino...y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento".

No somos "campeones". Somos pecadores necesitados de un salvador. Jesucristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al padre si no es por mí".

Solo Jesús puede llenar nuestro vacío y darle sentido a nuestra vida.