En Corto

Vida después de la muerte

¿Científicamente comprobado? Parece que sí. El asunto marcado históricamente por el escepticismo, podría tomar un rumbo distinto a raíz de un estudio publicado esta semana por la revista médica "Resuscitation".

En la investigación más grande jamás realizada sobre experiencias cercanas a la muerte, un grupo de científicos de la Universidad de Southampton examinó durante cuatro años, a más de 2 mil personas que sufrieron ataques cardiacos en 15 hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria.

Los resultados indican que 40% de los sobrevivientes describieron algún tipo de conciencia en el tiempo en que estuvieron clínicamente muertos. Esto dejó pasmados a los especialistas, quienes aseguran que el cerebro "se apaga" 20 o 30 segundos después que el corazón deja de latir.

De los sobrevivientes, uno de cada cinco dijo que sintió una inusual sensación de paz. Un tercio afirmó que el tiempo comenzó a pasar lentamente. Algunos afirman haber visto una luz brillante o un resplandor. Otros sintieron miedo, o que se ahogaban, o bien que eran arrastrados hacia aguas profundas; y, un 13%, sintió que se separó de su cuerpo.

Jesucristo fue claro con el tema de la vida después de la muerte. Él asegura que solo hay dos destinos eternos para todo ser humano: cielo, o infierno. También enseñó que una vez que la persona muere, su destino queda sellado para siempre, (Lucas 16.19-31).

¿Qué sigue al exhalar nuestro último aliento? "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio", Hebreos 9.27.

Dios nos juzgará con base a una sola cosa: ¿Qué hice con Jesucristo? ¿Creí en él como señor y salvador, o lo rechacé? El cielo está lleno de pecadores redimidos por Cristo, y el infierno de pecadores que rechazaron a Cristo. Eso enseña la Biblia.

Todos somos pecadores, y aunque intentemos justificarnos a nosotros mismos, Dios nos conoce. Lo sorprendente es que aun así él nos ama y dio a su hijo unigénito Jesucristo para que, si decido creer en él, no me pierda, más tenga vida eterna.

Jesús no vino a condenar, sino a salvar y a buscar a quien se ha perdido. En la cruz Jesús cargó con nuestros pecados; tomó nuestro lugar, y recibió el castigo que merecíamos.