En Corto

Trasplante

Pudo haber sido una infección cualquiera, de esas que suelen presentarse en los primeros años de vida y que remiten con una adecuada dosis de antibióticos. Pero no fue así para Zion Harvey. Siendo prácticamente un bebé, su virulenta afección invadió de tal manera su pequeño y frágil cuerpo que, a fin de salvarle la vida, los médicos se vieron obligados a amputarle las manos y los pies, además de trasplantarle un riñón de su propia madre.

El sueño de Zion fue "algún día poder lanzar un balón". Esta "imposible" acción está ahora a punto de concretarse gracias a una exitosa operación, en la que le fueron implantadas nuevas y compatibles manos al pequeño de ocho años de edad.

Algo similar ocurre a los seres humanos: Una serie de "pequeños" pecados se introducen en nuestras vidas. "Nada de qué alarmarse, al fin y al cabo todos hacen lo mismo", pensamos. Entonces acudimos a los ungüentos de religiosidad, ritos, tradiciones, ceremonias diversas, buenas obras o, bien, a corrientes de pensamiento que nos lleven a auto convencernos de que "todo funciona bien en nosotros".

Lo cierto es que con el paso del tiempo, el pecado gana terreno, al grado tal que ya hay áreas putrefactas en nosotros. La sexualidad se corrompe, las relaciones familiares se fracturan, la mente sufre afectaciones, los matrimonios se destruyen, la inmoralidad corre de manera desbocada. No sabemos de qué sostenernos o asirnos para salir adelante.

Para solucionar el problema, nuestro Creador nos ofrece, literalmente, un trasplante en el ámbito espiritual: "Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo; les quitaré el corazón de piedra que ahora tienen y les daré un corazón sensible".

Para lograrlo, Dios se hizo totalmente compatible con nosotros, tomando forma humana, y donando su vida por ti y por mí en la cruz: "Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores... Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados".

Aunque a él le costó todo en la cruz del calvario, Dios nos ofrece gratuitamente un nuevo corazón, un nuevo espíritu y una nueva vida. Solo debemos reconocer nuestra condición perdida, y acudir a él en humildad y fe.

Cree en Jesús y serás salvo.