En Corto

Tragedia

El policía a cargo dio la voz de alerta diez minutos antes de las siete de la mañana. El fuerte olor a gas se percibía por todas partes. Quienes estaban en el área de urgencias del hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, alcanzaron a salir; no así los médicos y el personal de enfermería, quienes decidieron permanecer en el interior hasta que concluyera el desalojo de todas las áreas.

Ya no hubo tiempo para eso. Tan solo veinte minutos después, una fuerte detonación derribó casi en su totalidad la estructura de un solo piso. Hasta ayer por la tarde, las cifras oficiales daban cuenta de que la explosión dejó un saldo de dos muertos y 66 heridos; 14 de ellos de gravedad, entre los que se encontrarían siete recién nacidos.

De acuerdo a las primeras investigaciones, una fuga en la manguera de la pipa de gas que abastecía al hospital, habría sido la causante de la tragedia. Así, un lugar destinado a procurar bienestar, esperanza, salud y vida, se convirtió en una zona de devastación, terror, heridos y muerte.

En el plano espiritual, ¿no está ocurriendo algo similar? El olor del egoísmo, indiferencia, orgullo, vanagloria, resentimiento, codicia, engaño, maldad y toda clase de inmoralidad, se infiltra sutil y consistentemente por muchos lados. De pronto, el matrimonio explota, el hogar se derrumba, un lugar concebido para brindar amor, cuidados, fortaleza, y esperanza, se convierte en zona de terror, de gritos, de golpes, de insultos, de traiciones. De los escombros salen pequeños y adultos heridos, en muchas ocasiones, de gravedad.

La Biblia asegura que la peligrosa fuga empieza en nuestro interior: "Porque del corazón del hombre proceden las malas intenciones y los malos deseos; los asesinatos y homicidios; los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, las calumnias, los falsos testimonios y las blasfemias".

Ninguna religión o filosofía puede remediar tan grave problema. Solo la fe en Jesucristo, el unigénito de Dios puede librarnos del desastre. Él vino a buscar y a salvar a quienes nos hemos perdido a causa del pecado. Jesús está dispuesto a morar en nosotros y rescatarnos: "Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne".

Cree en Jesús y serás salvo.