En Corto

Tradiciones

La familia tenía fama de cocinar un exquisito pavo, de carne jugosa y sabor único. La tradición indicaba que para conseguirlo, la puerta del horno invariablemente debía permanecer entreabierta.

Un día la hija, que llevaba años cumpliendo celosamente con la tradición, le preguntó a su mamá quién había iniciado con la misma. "Tu abuela. Desde que yo era pequeña, siempre que cocinaba pavo, la puerta del horno estaba un poco abierta", respondió. Aquella mujer entró en contacto con su abuela preguntándole lo mismo. La respuesta le dejó boquiabierta: "Lo que pasa es que mi horno era pequeño, y la charola del pavo grande, por lo que la puerta nunca podía cerrarse bien". ¡La famosa tradición no tenía sentido alguno, y menos aún aportaba sabor al guiso!

En el plano espiritual ocurre algo similar. Hay quienes por tradición realizan ritos, de los que ni siquiera conocen su origen; que practican peregrinaciones de forma religiosa; que participan en procesiones de todo tipo; en festejos, celebraciones y en toda una serie de actividades con el propósito de "ponerle sabor" para agradar a Dios.

Pero lo cierto es que nada podemos hacer para lograr que nuestros esfuerzos o "sacrificios", logren el sazón adecuado para satisfacer la justicia divina, a fin de conseguir su aceptación. De hecho detrás de todas esas tradiciones religiosas, se oculta el que mediante su práctica, el hombre pretende alcanzar una justicia propia, desechando en consecuencia la que Dios mismo proveyó en la cruz del calvario.

Como lo plantea la Escritura: "Dios, si miras a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, Limpio estoy de mi pecado?". La respuesta es: ¡Nadie! Ni méritos propios, ni tradiciones, ritos, o ceremonias, han logrado jamás quitar el pecado del corazón del hombre, ni reconciliarle con su creador.

"Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, se aferran a la tradición de los hombres", nos dice Jesús en el Nuevo testamento.

Dios quiere nuestro corazón, no nuestras tradiciones religiosas. Él anhela tener una relación personal con nosotros mediante Jesucristo, para regalarnos perdón, salvación y vida.