En Corto

Solo rezos

Recientemente se dio conocer un video en el que se aprecia a un grupo de hombres portando armas largas, que con aparente solemnidad repiten lo que se supone son algunas de las palabras contenidas en el Salmo 144: "Eres mi baluarte, mi gloria, mi salvación, y mi honor; por los siglos de los siglos, Amén". El encuentro concluiría con una frase que exalta a un grupo criminal, y se habría realizado antes de un enfrentamiento con autoridades la semana pasada, en una jornada de violencia que dejó más de 20 muertos.

Aunque la frase en cuestión no está contenida como tal en el Salmo 144; ciertamente Dios quiere que todos le aceptemos como Salvador, para que entonces él se pueda convertir en nuestro baluarte, gloria y objeto de todo honor. David comienza el Salmo 144 diciendo: "Bendito sea Jehová mi roca". Es claro que David había hecho de Dios el todo de su vida, y por eso inicia alabándole y reconociéndole; en contraste con aquellos que le ignoraban, como cita Deuteronomio 32.18: "De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador".

El Nuevo Testamento habla de Cristo mismo como la roca sobre la cual necesitamos edificar nuestras vidas. El apóstol Pedro se refiere a Jesús como "Piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa". De igual manera, el apóstol Pablo dice que, "la principal piedra del ángulo es Jesucristo mismo". Mientras que Lucas señala: "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos".

"El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia", nos asegura Jesús. Por eso debemos volvernos a él, reconociendo que somos pecadores urgidos de su perdón y salvación. Solo él puede librarnos del engaño; del enemigo de nuestras almas, y de la perdición eterna. Solo él puede limpiar nuestro corazón y transformarnos, para que podamos conocer a Dios y caminar en él.

Acudir a Jesús es huir de las tinieblas hacia la luz. Conocerle nos hará libres. Recibirle como Señor y Salvador, transforma y vivifica el alma.

Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.