En Corto

Prince

Tan solo la mansión en que residía en Paisley Park Minnesota, está valuada en 10 millones de dólares. Además de sus numerosas habitaciones, la residencia cuenta con elevador y piscina, salón de baile, un gran estudio de grabación diseñado por el arquitecto Bret Thoeny, que alberga todos los instrumentos musicales del autor de "Purple Rain"; así como un gigantesco espacio dedicado a la relajación, con grandes sofás junto a una zona preparada acústicamente e iluminada con luces de color púrpura.

Pero nada de esto, ni su fama, ni su riqueza, ni su influencia e impacto en la música, fueron suficientes para darle sentido a su existencia. Apenas ayer se filtró en medios de comunicación que el artista habría fallecido a los 57 años de edad, debido a una sobre dosis "accidental" de un opiáceo de nombre "Fentanyl", potente analgésico de origen sintético utilizado frecuentemente como calmante.

De esta manera, Prince se suma a la lista de celebridades como Amy Winehouse, Michael Jackson, Cory Monteith, Whitney Houston, Heath Ledger, Philip Seymour Hoffman, Brad Renfro, Anna Nicole Smith, Jim Morrison, Marilyn Monroe, Elvis Presley, y Janis Joplin, entre muchos otros, que perdieron la vida a causa de las adicciones.

La historia nos demuestra siempre que, ni el poder, la riqueza, la belleza, o la fama, podrán darle significado y soporte a nuestras vidas. No importa cuán encumbrada esté una persona, a todos nos llegan las tormentas por el solo hecho de ser humanos, y si no estamos firmes en lugar seguro, la ruina es inminente.

Nada de lo que el mundo ofrece podrá jamás saciar las necesidades más profundas del alma. Dios nos ama con amor eterno. Él sufrió en sí mismo el castigo de nuestros pecados en la cruz del calvario, a fin de imputarnos su justicia y otorgarnos su bendita paz; y eso es lo que tu corazón anhela.

"¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?", plantea el Evangelio de Mateo. Dios en cambio nos ofrece gratuitamente, mediante la fe depositada en Jesucristo, perdón, salvación y vida.

Jesús conoce tus heridas. No ignora tu dolor. Tampoco la culpa que experimenta el alma a causa del pecado. Y lo mejor: Él vive, y está dispuesto a transformarte. Invítalo a morar en tu corazón y lo verás.