En Corto

Sé Limpio

¿Fue a causa de una ofensa contra Dios? ¿Le habían "robado" el alma, como algunos decían? ¿Era algún pecado oculto la causa de su tormento? ¿Dios lo había desechado para siempre?

Sobraban las preguntas sin respuesta que rondaban en su mente. Lo cierto es que vivía condenado al ostracismo; a una total exclusión social. En su cuello llevaba todo el tiempo una campanilla, para que la gente al percibir el tintineo de inmediato se alejara. Si en su desesperación procuraba cualquier tipo de proximidad era apedreado.

Probablemente un día notó extrañas escamas en su piel. Se lavó y se puso algún ungüento, pero la lesión empeoraba. "Ve a ver al sacerdote", aconsejó la esposa. Luego de ser minuciosamente revisado, se confirmó la terrible sospecha: "Tiene lepra". De inmediato pasó a ser uno de los tantos "inmundos" condenados a una muerte espantosamente lenta.

Paulatinamente perdería la sensibilidad. El cuerpo se llenaría de manchas, úlceras, llagas y tumores. La carne se carcomería a pedazos; perdería los párpados, la vista y los dedos de manos y pies. Las cuerdas vocales se ulcerarían. El dolor físico sería terrible. El olor a carne podrida, continuo y penetrante. Quizá tardaría 20 años en morir.

¿Cómo se enteró de Jesús? ¿Escuchando a la distancia frases como éstas?: "Perdona pecados, da vista a ciegos, multiplica panes y peces, resucita muertos, caminó sobre el mar, calmó la tempestad, libera a poseídos por el diablo, es misericordioso y compasivo, sana leprosos".

No lo sabemos, pero el evangelio de Marcos relata lo siguiente: "Vino a Jesús un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme". Él no dudaba del poder de Cristo; dudaba de si querría ayudarle. La respuesta del Rey de reyes y Señor de Señores fue impactante: "Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio".

El pecado nos hace perder la sensibilidad, carcome la mente y el alma, destruye y hiere a quienes nos rodean, nuestro interior huele a putrefacción. Lo increíble es que Jesús quiere tocarnos y decir: "Quiero. Sé limpio".

El leproso lo hizo. Póstrate ante Jesús. Él te perdonará, limpiará y dará nueva vida. Cree, ven a él, déjale tu vida.