En Corto

Infracción

Apenas me infraccionaron frente a Los Portales de Toluca. Vi un par de taxis detenidos sobre la avenida Hidalgo, por lo que se me hizo sencillo estacionarme detrás de ellos para hacer una diligencia que no me tomó siquiera cinco minutos.

Al regresar, ya estaba una patrulla y tres elementos de vialidad en el lugar. Una agente portaba un aparato electrónico y empezaba con el proceso para levantar la infracción correspondiente.

"¡No puede ser!", pensé, "fue una nada lo que me tardé". Me puse de pie junto a la oficial y quise decirle algo así como, "¡Por favor! Casi me acabo de bajar del auto". Sin embargo no articulé palabra, y esperé a que cumpliera con su deber.

Mientras iba en camino a pagar los casi 400 pesos de infracción, medité en lo ocurrido. Yo había violado la ley "solo un poquito" pero, al final de cuentas, había transgredido una norma y, en consecuencia, era acreedor a un castigo. No había forma de argumentar a mi favor. No podía decir algo así como "hacía mucho que no me estacionaba en lugar prohibido y nunca me felicitaron por ello". La ley nunca te justifica, solo te dice que incumpliste y que debes asumir las consecuencias.

Algo similar ocurre con las leyes Divinas. Uno no puede decir "es que fue una mentira piadosa" (no existen violaciones piadosas, ni homicidios piadosos), o argumentar que "me porté mal, pero solo unos minutos"; ni menos decir, "sí hice lo malo... al igual que lo hacen muchos otros".

La ley solamente responde: "Has mentido, has hablado mal contra tu prójimo, has robado, codiciado. Eres culpable y tienes que pagar", al tiempo de dejar en claro que la paga por el pecado es la muerte física, espiritual y eterna de todo ser humano, porque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios.

Puedo pagar una infracción vial, pero no lo que he hecho en contra de Dios al violar sus normas eternas, que merecen un castigo eterno. Es por eso que nuestra necesidad más apremiante es la de un Salvador, y no hay otro fuera de Cristo el Señor.

Por amor ti y a mí, Jesús se dio a sí mismo y fue a la cruz para recibir sobre sí el castigo que nuestros pecados merecían, "el justo por los injustos para llevarnos a Dios". Jesús literalmente fue molido a fin de imputarnos su justicia.

Él resucitó y vive. ¿Permites que te salve?