En Corto

In God we trust

Al momento de escribir esta colaboración, las encuestas muestran prácticamente un empate técnico en la elección presidencial de los Estados Unidos; y aunque 20 millones de ciudadanos han sufragado ya de forma anticipada, no es posible aventurarse a señalar un ganador. Para hacerlo, habrá que esperar a que concluya la jornada el próximo martes.

La contienda entre republicanos y demócratas ha sido, por decir lo menos, atípica. Los contendientes de ambos bandos han sido acusados y se han acusado de todo. Estas palabras han sido vistas, leídas y escuchadas por millones en las últimas semanas: Racista, sexista, intransigente, mentirosos, poco confiable, deshonesto, corrupto, tramposo, incapaz, acosador, amenazante, inmoral, irresponsable, criminal, sexista, y una larga lista de etcéteras.

Los estudios de opinión han dejado en claro que los ciudadanos están desencantados con el proceso de sucesión. Ambos candidatos son los más impopulares de las últimas décadas; son vistos como poco fiables y carentes de lo necesario para dirigir a la nación. El consejo que le dio una abuela a su nieto que se rehúsa a votar, me parece que ilustra lo que muchos electores experimentan: "Jovencito, usted tápese la nariz y vaya a la urna".

Ciertamente los seguidores más acérrimos de uno y otro bando ven en su respectivo candidato al "redentor" del país, mientras que en medio se encuentra un grupo preocupado por lo que se vendrá al margen de quién obtenga la victoria; desesperanzado por la polarización que ha dejado la contienda, e inciertos por el futuro.

Hace unos días escuché a un hombre dirigirse sensatamente a un pequeño grupo diciéndoles: "Solo hay un Dios quien, por cierto, no ha perdido el control de todo lo que ocurre en su universo. Solo hay un salvador, Jesús, quien sigue perdonando y dando vida. Solo hay un Mesías que ya pagó el precio de nuestro rescate. La ciudadanía del cristiano está en el cielo, y todo en la tierra es temporal y pasajero. No vale la pena enfrascarse en divisiones y vanas contiendas. No vale la pena preocuparse si Dios está a cargo de tu vida; si le conoces; si has experimentado su amor, perdón y libertad. Mejor es confiar en Dios que confiar en el hombre; mejor es confiar en Dios que confiar en príncipes. Recuerden siempre gozarse en Cristo y su salvación".

Sin duda esta actitud, que fue el cimiento de la nación, en verdad le da sentido a la frase impresa en la moneda de mayor circulación mundial que es el dólar: "In God we trust".