En Corto

In God We Trust

II Parte

Lo dicho aquí la semana pasada: Las manifestaciones de antier en 25 ciudades de los Estados Unidos, son ejemplo de una sociedad confrontada con la que lidiará en el corto plazo el próximo presidente.

El día de la jornada estuve en distintos centros de votación, y platiqué con hispanos de origen mexicano que se apresuraban a votar por Hillary Clinton ante el temor de que sus familiares fueran deportados. Algunos me decían que incluso habían percibido un incremento en las actitudes racistas hacia ellos. Por otro lado también entrevisté a integrantes del grupo "Latinos por Trump", de origen venezolano y colombiano, quienes exaltaban a su candidato. Me aseguraban que si la demócrata ganaba, la tragedia y el caos se apoderarían de los Estados Unidos, tal y como en su momento ocurrió en sus países de origen.

A lo largo del martes de la elección, pude observar imágenes de demócratas desconsolados conforme avanzaba la entrega de resultados. Algunos lloraban amargamente, como si todo en la vida estuviera perdido. También estuve en la sede de los republicanos en Dallas Texas, y constaté la euforia que llegó a su clímax, en la madrugada del miércoles, cuando se dio a conocer que Trump había ganado la presidencia. La gente en el lugar gritaba de júbilo, se abrazaban y brindaban como si todos los males de Estados Unidos se hubieran resuelto en ese momento.

Poner por completo nuestra esperanza, confianza y seguridad en un candidato o partido político, tarde o temprano culminará en una profunda decepción. Convertir en una suerte de "dios" a un ser humano falible y pecador como cualquiera de nosotros, es una terrible equivocación. Sin embargo, ese instinto de "adoración" es inherente a toda persona. Al final del camino, y aunque no seamos conscientes de ello, caminamos continuamente en este mundo en busca de redención. Queremos encontrar a alguien que nos entienda, que conozca de los males que nos agobian, que nos arrope, que nos guíe y que luche en favor nuestro, hasta que podamos alcanzar esa realización tan anhelada.

Lo dramático es que Dios ya lo hizo por nosotros, pero no le creemos. Él nos conoce como nadie más puede hacerlo, pues somos creación suya. Él se identificó con nosotros al tomar forma humana en Jesucristo. Él llevo nuestros sufrimientos y pecados. Él pagó el precio de nuestra redención con su vida en la cruz. Él resucitó y anhela morar en nuestro corazón y transformar nuestras vidas.

Elige a Cristo, no te fallará. Cree en él y serás salvo.