En Corto

Grok

Si su computadora fue infectada por este virus informático, lo mejor es que la tire a la basura. Tal es la recomendación de los expertos, luego de que la empresa de seguridad cibernética Kaspersky, informara de la aparición de "Grok", un malware o software malicioso, "inusitadamente sigiloso, complejo y potente".

Este no puede ser detectado por los programas de antivirus, sino hasta que ya está en el equipo. Según Kaspersky, no se puede quitar reinstalando el sistema operativo, o bien reformateando el disco duro, ya que el programa malicioso fue diseñado para vivir permanentemente en el hardware o disco duro.

Algo similar ocurre con nuestro corazón. El virus letal que despedaza a todo ser humano se llama "pecado", y una vez que se instala en nuestro interior, no existe remedio filosófico, religioso, o humanista que pueda erradicarlo.

Al igual que el virus informático, el pecado se infiltra en nosotros de forma sigilosa, compleja y potente. De pronto se le detecta cuando ya ha generado una gran devastación y no hay política pública; curso de superación personal o esfuerzo humano que lo pueda remediar.

Llegado el momento pareciera que solo nos resta gemir en nuestro interior pensando: "¡Ah! Si pudiera regresar el tiempo, no hubiera hecho o dicho, esto o aquello".

Según la Biblia, "pecar" significa "fallar al blanco" en cuanto a la obediencia absoluta, continua y permanente a los mandatos divinos. No amar a Dios por sobre todas las cosas, mentir, codiciar, robar, fornicar, deseos inmorales, hablar mal de otros, traicionar, matar, idolatría, adulterio, homosexualismo, lesbianismo, incesto, incredulidad, ira, envidia, amargura, chismes, ingratitud y malos pensamientos, formarían tan solo parte de un enorme listado de pecados.

"¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón. Limpio estoy de mi pecado?", pregunta Salomón en Proverbios. Siendo honesto, debo reconocer que no puedo atribuirme tal frase. Lo que sí puedo hacer ante Dios es aceptar mi condición de pecador perdido, y clamar por su misericordia y salvación. No tengo por qué "tirar mi vida a la basura", ya que Jesús vino a buscar y salvar al que se ha perdido.

En la cruz él tomó nuestro lugar, cargando con el castigo de nuestros pecados, a fin de darnos libertad y nueva vida.