En Corto

Foxcatcher

Apenas vi la película que fue nominada a cinco Premios Òscar. La cinta dirigida por Bennett Miller, interpreta la historia real que conmocionó a los estadounidenses, en torno a los hermanos y medallistas olímpicos Mark y Dave Schultz, y el asesinato de este último cometido por John Eleuthere du Pont, heredero en su momento de una de las fortunas más grandes del mundo.

El 29 de enero de 1996, el periódico "El País" dio cuenta de la detención del excéntrico millonario en su propia mansión de Delaware, luego de un cerco de 48 horas por parte de la policía debido a este homicidio.

John du Pont era considerado, hasta antes de estos hechos, como un filántropo y prestigiado ornitólogo que descubrió al menos dos docenas de nuevas especies de aves y que construyó el Museo de Historia Natural de Delaware, al que donó sus 66 mil pájaros disecados y dos millones de conchas marinas. También estableció en su propiedad un centro deportivo al que invirtió más de un millón de dólares, para crear su "Team Foxcatcher", que se convertiría en "La Meca" de la lucha grecorromana.

John du Pont murió en prisión en 2010. Expertos y conocidos señalan que el millonario era un esquizofrénico, paranoico y psicótico, que ni siquiera estuvo en condiciones de participar en su propia defensa durante el juicio que se le siguió.

El tema me hizo recordar cómo es que ni la riqueza, el poder, la fama, la filantropía, el conocimiento, la belleza o cualquier otra cosa, pueden darle un verdadero sentido y propósito a la vida del hombre. Basta revisar las biografías de Howard Hughes, Marilyn Monroe, Michael Jackson o Paul Getty, para darse cuenta de ello.

No en vano Jesucristo hizo esta pregunta: ¿Qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?". No estaremos en este planeta indefinidamente. La Biblia dice que: "Está establecido que todos los seres humanos deben pasar por la muerte una sola vez, para ser a continuación juzgados".

El hombre solo puede adquirir su verdadera identidad, no en lo que el mundo ofrece, sino en Dios mismo. Por eso Jesús nos asegura: "Mi propósito es darles una vida plena y abundante". Y para ello, él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, a fin de darnos libertad y vida.