En Corto

Ébola

Aunque el primer enfermo diagnosticado con ébola en los Estados Unidos está aislado en un hospital; lo que se extiende en Dallas, Texas, es el temor, la frustración, las interrogantes y la búsqueda de quiénes pudieron haber entrado en contacto con Thomas Eric Duncan.

El 24 de Septiembre, Duncan acudió al hospital con fiebre y dolor abdominal. Ahí informo al personal médico que había estado en Liberia cuatro días antes. Sin embargo, lo mandaron a su casa con analgésicos y antibióticos. El 28 de Septiembre Duncan regresó en condiciones graves. "Fue un error. Lo arruinaron", dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de USA.

En tanto, ha trascendido que Liberia planea procesar judicialmente a Duncan por haber mentido en un cuestionario sanitario aplicado en el aeropuerto, donde se le preguntó específicamente si había tenido contacto con alguna persona infectada con el virus o hubiera tocado a alguien que hubiera muerto por la enfermedad. Al parecer en la comunidad donde vive Thomas Eric Duncan, decenas están infectadas por el ébola.

¿No nos pasa algo similar con el pecado? La pregunta resulta ofensiva para muchos. Una mayoría prefiere deshacerse del asunto y decir que el pecado no existe y que solamente se reduce a un tema cultural o religioso; sin embargo, nadie puede negar sus devastadores efectos personales y sociales.

Duncan falseó la información del formulario que llenó en el Aeropuerto de Liberia antes de partir a Dallas. ¿Y qué de nosotros con el formulario espiritual antes de nuestra partida de este mundo? Atendamos solo algunos de los llamados "Diez mandamientos": ¿Amo a Dios sobre todas las cosas? ¿Idolatro algo, o a alguien que no sea Dios mismo? ¿He tomado su nombre en vano? ¿He hurtado? ¿He mentido? ¿He codiciado?

"Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos", asegura el apóstol Santiago en su epístola. Es decir, infringir cualquier mandamiento divino, nos pone bajo condenación.

Negar ser pecador no resuelve nuestra condición, solo la empeora. Pero a diferencia de lo que ocurre con el temible virus del ébola, en Cristo tenemos el remedio para la mortal enfermedad espiritual.

Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.