En Corto

Dolce&Gabbana

"La familia no es una moda pasajera. En ella hay un sentido de pertenencia sobrenatural... La vida tiene un recorrido natural, hay cosas que no se deben modificar. Una de ellas es la familia... No es cuestión de religión o estado social, no hay vuelta de hoja: tú naces y hay un padre y una madre. O al menos debería ser así".

Estas declaraciones han generado una intensa polémica a nivel internacional entre famosos integrantes de la comunidad LGTB, y no porque provengan de algún líder religioso, sino porque fueron claramente expresadas por dos íconos de la moda que mantienen una relación homosexual: Doménico Dolce y Stefano Gabbana.

"Nosotros, pareja gay, decimos no a las adopciones gay. Basta de hijos de la química y úteros en alquiler. Los hijos deben tener un padre y una madre... Semen elegido de un catálogo. Y luego vete a explicar a estos niños quién es la madre. Procrear debe ser un acto de amor. Hoy ni siquiera los psiquiatras están listos para afrontar los efectos de estas experimentaciones", expresaron los famosos diseñadores.

La Biblia es el referente que nuestro creador nos ha dejado para aclarar toda clase de interrogantes en torno a la existencia del hombre, su propósito y su destino. No en vano Jesús dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

En el primer capítulo de Génesis, se establece claramente el plan divino para la familia: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos".

Dios no creó a dos hombres o a dos mujeres para este propósito; tampoco a un hombre y a varias mujeres. Dios es claro en cuanto a la monogamia, el lesbianismo y el homosexualismo.

En Génesis 2.20-24 se nos dice que Dios mismo es quien estableció el matrimonio: "Dios hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne... Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne".

Por más que se argumente, el actuar fuera del plan de Dios siempre traerá malos resultados. Solo Jesús puede darnos vida abundante y eterna. La fe depositada en él como Señor y Salvador, corrige toda calamidad moral.

Después de todo, fuimos creados por él, y para él.