En Corto

Deudas

Andrés Smith había acuñado una frase para definir su filosofía y forma de existencia: "Buena es la vida cuando la vida es buena". De esta manera, este joven de diecisiete años de edad, buen mozo, atlético, elegante y con los bolsillos siempre llenos de dinero, gastaba en toda clase de gustos por donde quiera que estuviera.

Rodeado de amigos y amigas, viajó por toda Europa visitando las playas y centros nocturnos más populares. ¿Cómo pagaba? Con una tarjeta de crédito, y durante un tiempo todo marchó bien hasta que surgió la verdad: El plástico era falso, y "Andy" como le llamaban "sus amigos" fue acusado de fraude en Londres Inglaterra y condenado a diez años de prisión.

Nos cuesta trabajo entender que la "vida buena" no consiste en vivir como queramos, o hacer lo que nuestros deseos nos exigen. Muchos sabemos lo que es caer en la trampa del placer o bienestar instantáneo, cuyas consecuencias posteriores suelen ser terribles y de largo plazo. Ese tipo de "buena vida" acaba por convertirse en un desastre que esclaviza y destruye.

Bíblicamente todos tenemos una deuda espiritual de carácter eterno. Todos hemos fallado a las normas divinas. Todos hemos pecado. Cada cual nos hemos desviado tras nuestros propios caminos, estilos y filosofías de vida.

El pago de nuestra gigantesca deuda no puede ser saldado a través de la práctica de una religión, buenas obras, o esfuerzos personales. No hay méritos en nosotros para poder pagar a Dios por todo lo que hemos hecho, dicho y pensado. Sin embargo, los méritos de Cristo son suficientes. Él vivió la vida perfecta que nosotros somos incapaces de vivir. El apóstol Pedro escribió acerca de Jesús "Él nunca hizo pecado ni se halló engaño en su boca". Solo Jesús ha vencido la tentación, el mundo y al diablo. Pablo dice al respecto: "y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz".

Jesús murió en la cruz por nosotros, a fin de saldar la deuda de nuestros pecados, y resucitó al tercer día para darnos vida. Así que lo que debemos hacer es acudir a él reconociendo nuestra condición y necesidad de perdón y salvación.

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe". Efesios 2.8