En Corto

Detector de la muerte

¿Le gustaría conocer la fecha casi exacta de su muerte? Parece algo fuera de toda lógica, sin embargo una simple prueba clínica de sangre podrá predecir dicho momento.

Resulta que un análisis desarrollado por científicos finlandeses podría proporcionar la fecha de muerte de quien se someta a la prueba, con un margen de error de cinco años. Según explicaron, determinar la fecha casi exacta de la muerte de una persona es posible gracias a los denominados "biomarcadores" que todos llevamos en la sangre.

Lo interesante es que la Biblia proporciona información exacta con relación a la muerte del hombre en varios sentidos: Espiritual, física y eternamente.

El relato de Génesis da cuenta que Dios advirtió a Adán y Eva acerca de la violación del único mandato divino: "Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás". Y así ocurrió, porque en el momento en que comieron del fruto prohibido, de inmediato Adán y Eva murieron espiritualmente, y años después morirían físicamente.

Cuando los representantes de la raza humana desobedecieron, perdieron su comunión con Dios, y por eso pretendieron ocultar su desnudez cosiendo delantales de hojas de higuera, y escondiéndose de Dios entre los árboles del huerto.

Sin embargo, Dios en su amor, aun sabiendo lo que habían hecho, fue en su búsqueda a fin de restaurarlos en su relación con él. Para ello, una víctima inocente tuvo que ser sacrificada y su sangre derramada. El relato de Génesis dice: "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió".

Notemos esto: "Dios hizo". Es decir; nosotros no podemos restaurarnos. Dios es el único que puede hacerlo. Al igual que en Adán y Eva, nuestro problema es el pecado, y la Escritura asegura que la paga del pecado es la muerte física, espiritual y eterna de todo ser humano. Esto último significa perdición eterna en un lugar de tormento.

La buena noticia es que Dios quiere salvarnos. ¿Cómo? La respuesta la da Juan el bautista quien al ver a Jesús dijo: "He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Jesús es la víctima inocente, cuya sangre fue derramada, no para que nuestros pecados fueran "cubiertos", sino "quitados".

La fe genuina en Jesús, da vida espiritual y eterna.