En Corto

Corazón roto y muerte

Ocurrió en 1986. La mujer, de 44 años de edad, fue ingresada al Hospital General de Massachusetts debido a un intenso dolor que irradiaba de su brazo izquierdo hasta el pecho. Los médicos identificaron inmediatamente los síntomas y diagnosticaron un ataque al corazón.

Lo desconcertante para los especialistas es que en los estudios no apareció coágulo alguno; tampoco había antecedentes de males cardíacos; las arterias estaban en perfectas condiciones; los triglicéridos y el colesterol no eran las causas del problema. Es decir, en apariencia era un "ataque al corazón", pero las pruebas de laboratorio indicaban que "técnicamente" no lo era.

La revista médica New England Journal of Medicine, abordó el caso. En el artículo correspondiente, Thomas Ryan y John Fallon sugirieron que el aparente daño sufrido por el corazón tuvo un origen emocional y no fisiológico. Durante las investigaciones se descubrió que antes de ser hospitalizada, la mujer había recibido la noticia de que su hijo de 17 años se había suicidado. En cierto sentido a la mujer, "se le rompió el corazón".

En 2005, y luego de diversos estudios internacionales, la medicina aceptó que las emociones pueden desencadenar problemas físicos. Ese año la literatura médica estableció el término "cardiomiopatía por estrés", para describir un aparente ataque cardíaco causado por estrés; si bien, algunos médicos decidieron utilizar una expresión más coloquial: "El síndrome del corazón roto".

En un mundo cada vez más complejo, nadie está exento de problemas que agobian. El panorama se va oscureciendo y de pronto el cuerpo resiente la carga.

La medicina no puede hacer mucho al respecto. Solo Dios tiene la solución para el corazón roto: "Ven a mí tú que estás trabajado y cargado, y yo te daré descanso", promete Jesús, cuyo corazón literalmente fue despedazado al ser traspasado por una lanza cuando colgaba de la cruz.

Él nos conoce. Sabe de nuestros sufrimientos y conoce también de sus causas. Un amigo decía: "Detrás de cada lágrima encontrarás tarde o temprano la palabra pecado; cometido por uno mismo, o por un tercero".

Jesús se entregó a sí mismo por amor a nosotros. Cargó con nuestros pecados. Pagó el rescate con su sangre. Resucitó y anhela entrar a nuestro corazón para sanarlo. Puedes creerlo.