En Corto

Convertidos o crucificados

"¡Dios es grande! Conviértanse al islam o serán crucificados como Jesús".

Gritando una y otra vez esta frase, un grupo de rebeldes islamistas asaltaron hace poco más de un mes la localidad de Maalula, cerca de Damasco en Siria, causando pánico entre sus pobladores mayoritariamente cristianos.

Desde que inició el conflicto interno en Siria, la quema de iglesias cristianas, los asesinatos de sus miembros, así como de fieles católicos y ortodoxos, se han vuelto tan frecuentes en medio de la guerra, que por lo mismo pasan desapercibidos o de plano resultan ignorados.

Según estimaciones, de un total de 23 millones de habitantes con los que cuenta el país, alrededor de un 10 por ciento son cristianos. Sin embargo, cerca de 450 mil de ellos han tenido que abandonar sus casas y ciudades por temor a ser masacrados.

No cabe dudad que en nuestro mundo actual abundan frases filosóficas, piadosas, morales y religiosas que revisten de gran atractivo y aun son plenas en su significado; pero que, al mismo tiempo pueden citarse y ser utilizadas perversamente con fines totalmente contrarios a su contenido.

"¡Dios es grande!" es una frase no solamente bella, sino totalmente bíblica que contiene una verdad irrefutable. Pero emplearla para amenazar, asesinar, destruir comunidades, y hacer huir a miles, no solo es unaa bsoluta incongruencia, sino una descomunal afrenta contra el carácter de Dios.

Sin duda que Dios es grande. La Biblia lo asegura una y otra vez de pasta a pasta. El llamado "libro de libros" nos dice que Dios es grande en amor, misericordia, poder, paciencia, bondad, gracia, majestad, y señorío.

Dios es grande para perdonar y salvar al pecador perdido; es grande para liberar a los cautivos y oprimidos; para levantar al que ha caído; para limpiar y transformar corazones corrompidos; para traer luz a los que viven en tinieblas; para saciar almas sedientas; y todo ello por medio de la fe en Jesucristo, quien en la cruz del calvario derramó su sangre para redimirnos, y resucitó para ofrecernos una nueva vida.

En el sentido más amplio y puro, Dios es tan grande que la Escritura dice que ni los cielos lo pueden contener. Con todo, y de forma sorprendente, ese gran Dios quiere tener una relación personal con cada uno de nosotros por medio de Jesucristo.