En Corto

Caras vemos...

Casi inmediatamente después de ocurrida la tragedia aérea de "Germanwings", que significó la muerte para 150 personas en los Alpes Franceses, empezó a surgir información de Andreas Lubitz, el copiloto de la aeronave que la habría estrellado intencionalmente.

En su comunidad, los vecinos se mostraban sorprendidos por la terrible noticia, ya que Andreas era considerado como un hombre "normal" y "sin problemas". Lo cierto es que Lubitz sufrió una depresión grave con tendencias suicidas en el 2009 y, previo al desastre, habría pasado mucho tiempo navegando por Internet en búsqueda de información sobre suicidio, con el nombre de usuario "Skydevil" o "diablo del cielo".

Según reportes, a sus 27 años, Lubitz había consultado a por lo menos cinco especialistas en Psiquiatría y Neurología y, al parecer, tomaba todo tipo de psicofármacos. Lo último que ha trascendido es que Andreas pudo incluso haberle puesto algún tipo de laxante o diurético al café del piloto de la aeronave para que abandonara la cabina a fin de quedarse solo y así llevar a cabo su plan suicida.

"Caras vemos, corazones no sabemos", dice el viejo refrán. Pero Dios es más preciso al señalar en Jeremías 17.9, que: "Engañoso es el corazón del hombre, más que todas las cosas y perverso. ¿Quién lo conocerá?".

Un antiguo predicador afirmaba con franqueza que él nunca se había enterado de "algo terrible" que alguien hiciera, que él mismo no estuviera dispuesto a hacer, de no ser por la gracia y misericordia de Dios en su propia vida a través de Cristo. O como decía un amigo: "Yo tengo la capacidad de destruir mi hogar en menos de cinco minutos. Y solo Cristo me ha guardado de no hacerlo".

Coincido totalmente con estos planteamientos y reconozco que mi corazón es malo y perverso, más que todas las cosas. Pero también, y a pesar de saber quiénes somos, sé que Dios nos ama y nos ofrece gratuitamente perdón y salvación por medio de la sencilla y genuina fe en Jesucristo, quien vino a este mundo a buscar y a rescatar a quienes estamos perdidos "en nuestros delitos y pecados", como lo asegura el apóstol Pablo.

Solo en Jesucristo está el poder para vencer las inclinaciones y deseos de nuestro perverso corazón. Él pagó el precio de nuestro rescate en la cruz del calvario. Cree solamente en él y serás salvo.