En Corto

Barreras

Era un lunes cerca de las seis de la mañana. Su futuro lucía perfecto. De hecho Luis no podía ser más feliz. Mientras conducía de la Ciudad de México hacia su trabajo en una armadora del Valle de Toluca, él pensaba en su futura esposa; en la boda a celebrarse el fin de semana y en su próximo viaje de capacitación a Europa por parte de su empresa.

De pronto, literalmente en un abrir y cerrar de ojos, un vehículo que se dirigía velozmente en sentido contrario, abandonó su carril y se fue a impactar de frente contra el auto de Luis. La unidad se partió en dos y él quedo prensado entre fierros retorcidos.

Luis fue trasladado inconsciente a un hospital a donde pasó tres meses y medio en estado de coma, y seis más internado. Presentó estallamiento de vísceras y estuvo a punto de perder la pierna derecha. A lo largo de tres años lo suyo fueron los hospitales: fue sometido a veintiséis operaciones y durante todo ese tiempo solo pudo moverse en silla de ruedas. ¨No había barreras de contención en ese tramo de la carretera; lo demás es historia", me contaba Luis hace un par de días.

No nos gustan los semáforos. No nos gustan los reductores de velocidad. Y por lo general, a los seres humanos no nos agradan los límites ni las barreras; sin embargo, en nuestro interior sabemos que requerimos algo que nos contenga y mantenga a salvo.

Dios nos dio sus mandamientos que vez tras vez quebrantamos, con las consecuencias que vemos en matrimonios, familias, sociedades y naciones enteras. Violar las normas divinas tarde o temprano acarrea pérdida, sufrimiento, desesperanza, tristeza, y muerte. Quitar o "modificar" las barreras que él estableció, es en realidad un suicidio espiritual y eterno.

No sé si a estas alturas tu vida se encuentra "en terapia intensiva", si tu matrimonio acaba de tener un percance mortal o si tus planes y proyectos estallaron frente a tus ojos. Lo que sé es que Jesús vive, te ama y desea perdonarte, restaurarte, darte una nueva vida y tener una relación personal contigo.

"Ven a mí tú que estás cansado y cargado y te daré descanso", nos promete. Él es el único médico que tiene el poder para sanar el alma, y nos oferta su presencia en nuestro corazón, gratuitamente mediante la fe en él.

Observa a Cristo en la cruz. Él pagó por tu paz. Solo cree y verás.