La salud emocional: ¿Cuál es el diagnóstico de los jóvenes en NL?

Como en cualquier otro fin de semana, Allison y su novio Érick se fueron a beber unas cervezas en compañía de unos amigos, Jordan y Froylán. En el carro de uno de ellos se trasladaron al municipio de Juárez.

El evento, amigo lector, no tendría ninguna trascendencia de no ser porque Allison tiene apenas 14 años, Érick 16, pero sus “compadres” también, Jordan es un menor con 17 y Froylán apenas tiene 13 años. No sabemos cómo es que consiguieron un auto los menores o cómo compraron cerveza.

Se embriagaron y escucharon música toda la noche, hasta que se acabaron el dinero, eran como las tres de la mañana del sábado pasado.

La historia, estimado lector, no tendría mucha importancia de igual manera, de no ser porque Érick estaba consumiendo drogas y eso a la pequeña Allison no le gustó, de manera que le reclamó y le pidió que no lo hiciera.

No sabemos qué drogas consumía, si mariguana o cocaína (que son las más comunes), pero al novio macho no le gustó que frente a sus amigos, ella le reclamara. Seguramente discutieron bastante y se dijeron muchas cosas, con golpes y amenazas.

La reunión y la pelea podrían ser de poca importancia, pero la casi mañana del sábado sí es relevante porque Sergio Érick se enojó tanto con su novia que, junto con sus dos amigos, se fueron en el auto a un terreno baldío, desolado, donde nadie los viera. Ahí el novio indignado o amenazado o loco le pidió a uno de sus amigos una prueba de amistad como las hay pocas: sacó una pistola tipo escuadra y le dijo a uno de ellos que mataran de un tiro en la cabeza a su novia, a esa que no lo respetaba.

El amigo, no sabemos si fue Jordan o Froylán, tomó el arma y disparó. Pero como seguramente nunca había disparado, el arma se trabó o no cargó la bala en la recámara. De manera que Allison envuelta en llanto creyó salvarse… pero Sergio Érick le arrebató la pistola al inexperto, cargó y disparó sin piedad…

En un estudio piloto que se realizó al azar en escuelas de la zona metropolitana de Monterrey, se descubrió que el 30 por ciento de los alumnos encuestados presentó una alerta de salud emocional, ya fuera por depresión, ansiedad, déficit de atención, entre otros casos.

Para el trabajo que realizó la Secretaría de Educación sobre salud mental en las escuelas, diseñadas por especialistas, se aplicaron más de 850 encuestas y en más de 260 casos se detectó algún tipo de alarma en salud emocional.

Si existen más de un millón de niños en las escuelas, se supone que más de 300 mil alumnos podrían presentar algún tipo de problema parecido.

Con estos resultados se llegó a la idea de revisar en todos los planteles el estado de salud emocional de los alumnos, realizando un procedimiento muy serio, donde se hagan evaluaciones salón por salón.

La intención es detectar a los alumnos que pueden ser potencialmente un problema para ellos o para los demás alumnos.

Hay que encontrar a los que andan mal antes de que maten a sus compañeros o a la maestra, como sucedió en enero en el Colegio Americano del Noreste o como sucedió el sábado pasado donde murió Allison.

Porque el desbalance emocional puede ser ocasionado por problemas psicológicos o por ingerir drogas, no importa, lo urgente es poder detectarlos a tiempo.

Lo necesario ahora es que esta idea encuentre eco en el Congreso, porque hay que crear un centro de atención para canalizar a todos aquellos que resulten con problemas. No vale encontrarlos, es necesario darles la atención necesaria, es su derecho.

Es importante que el proyecto se realice para hacer una prevención en estados emocionales de los alumnos, pero también es necesario que los padres en casa estemos atentos, que aprendamos un poco de estos temas y platiquemos con los jóvenes, y hay que evitar que lleguen al abandono emocional, peor aún, al social… o usted ¿qué opina?

alejandro.gonzalez@milenio.com